Se cuenta que, en los años previos a la Gran Depresión, los esposos Ira y Anne Yates adquirieron un enorme campo, de aproximadamente once mil hectáreas, el cual se convirtió rápidamente en una hacienda de ovejas. Cuando llegó la gran crisis financiera, los propietarios enfrentaron serias dificultades, pues los ingresos que obtenían de la hacienda no eran suficientes para cubrir el capital y los intereses de la hipoteca. Como consecuencia, estuvieron a punto de perder la propiedad.
Con poco dinero para ropa o alimentos, su familia (como muchas otras) debió vivir del subsidio gubernamental. Día tras día, mientras el hombre apacentaba sus ovejas en las onduladas montañas del occidente de Texas, sin dudas su mayor preocupación era cómo pagar sus cuentas. Entonces llegó a la región una cuadrilla de sismógrafos de una empresa petrolera, que le anunció que posiblemente hubiese petróleo en su tierra. Le pidieron permiso para taladrar un pozo a riesgo de ellos, y él firmó un contrato de arrendamiento.
Los sismógrafos encontraron una enorme reserva de petróleo a 370 metros de profundidad. El primer pozo produjo 80,000 barriles diarios, y muchos pozos posteriores dieron más del doble de esa cantidad. Es más, treinta años después del descubrimiento, un experimento del gobierno en uno de los pozos demostró que aún existía potencial como para extraer 125,000 barriles diarios de petróleo.
Todo esto pertenecía a los señores Yates. El día en que compraron la tierra habían recibido derechos sobre el petróleo y los minerales. Sin embargo, tuvieron que vivir por mucho tiempo de la seguridad social. Eran unos multimillonarios que vivían en la pobreza. ¿El problema? No sabían que el petróleo estaba allí, aunque ellos eran los dueños.
Una de las preguntas más importantes que debe hacerse todo ser humano es, ¿qué capacidades, dones o habilidades tengo escondidos que todavía no he descubierto? Y esto es así porque son muchas las personas que, en lugar de vivir según sus posibilidades, viven presas de sus circunstancias: “Me faltan estudios”, “No soy bueno en eso”, “Vengo de cuna pobre”, “Estoy muy viejo para comenzar”. Por eso, gloria a Dios por las crisis, porque a veces son las temporadas de escasez las que nos obligan a mirar más profundo y encontrar talentos ocultos que no conocíamos, los cuales nos permiten reinventarnos y salir adelante.