Todavía hace algunos pocos años podíamos salir de casa sin el teléfono celular y sobrevivir tranquilamente. Ahora sentimos, de verdad sentimos que no podríamos llegar muy lejos sin él, así que en cuanto nos damos cuenta de que lo hemos olvidado regresamos inmediatamente sobre nuestros pasos sin importar lo lejos que estemos de casa. ¿Cierto?
Primeramente, todo el mundo sabe que estamos ahí a unos cuantos segundos, disponibles para responder a los que sea necesario responder. Entonces recibimos mensajes instantáneos de familia, amigos, trabajo, etc. Todo el día y parte de la noche.
Tenemos ahí el calendario, ya no nos molestamos en colgar uno en la pared ni tener uno en el escritorio, lo tenemos en el celular. Ya no necesitamos andar una calculadora en el bolso, está en el celular.
Antes manteníamos un diccionario cerca de nosotros, ya fuera para realizar la tarea de la escuela o escribir notas o cartas. Pero eso ya no es necesario porque el tío Google resuelve esos problemitas y más.
La cámara fotográfica, la grabadora de voz, la cámara de video, el correo postal, el mueble de archivo, el álbum de foto, ¡la agenda, los libros, la música, el banco y hasta la televisión!Hace algunos días leí un reportaje que hablaba sobre el hecho de que en varios países se está optando por quitar el reloj de pared en las aulas de clases, ya que se considera innecesario, dado que ya todos tienen uno en el celular. Es entendible.
Lo que no se entiende o no se puede creer es que otra de las razones es que los chicos no entienden ese reloj, no lo saben leer... y no les importa.
Cada vez hay más y más artefactos que fueron parte de la vida de mucha gente mientras crecía que están quedando obsoletos. Y uno que otro que se niega a retirarse, debo decir, tal es el caso del clasiquísimo tocadiscos. Hace algunas semanas estuve en una tienda en la que uno se podía encontrar cualquier cantidad de “longplays”, y luego la música de fondo del lugar sonaba (exquisitamente) precisamente desde un tocadiscos. Daba gusto ver gente de todas las edades comprando música en ese formato, que parecería haber quedado en el olvido; pero que sigue vigente.
Total, que si la idea (al ponernos todo en un solo dispositivo) era ahorrarnos tiempo y facilitarnos la vida, creo que se logra el propósito, pero todo tiene un precio, y me parece que el que estamos pagando es un poquito alto, ansiedad desbordada.
Y para muestra un botón, intente salir a hacer sus diligencias sin su teléfono celular, intente mantenerlo en modo avión aunque sea mediodía cuando se encuentre en casa, apagarlo cuando vaya a dormir, ingerir sus alimentos sin él frente a usted, no sacarlo mientras espera en la consulta, cuando esté en el concierto de música, en el autobús o en cuanto siente un poquito de aburrimiento, inténtelo y sabrá a lo que me refiero. Este también podría ser un buen ejercicio para enterarnos si somos nosotros quienes tenemos el control o lo tiene el aparato celular.