Qué esperamos de la ONU

La reciente Asamblea General de la ONU vuelve a poner sobre la mesa las tensiones geopolíticas, el papel de las grandes potencias y los desafíos para alcanzar una mayor cooperación internacional

  • Actualizado: 30 de septiembre de 2026 a las 00:00 -

La 81 Asamblea General de la ONU, celebrada recientemente con la participación de la mayoría de los jefes de los Estados miembros, nos ha dejado una sensación de fracaso de los pueblos en la tarea de impulsar nuestra suerte, organizada en naciones libres, soberanas e independientes, hacia una auténtica paz global y un respeto incondicional del derecho de los pueblos y los Estados a la libertad, la soberanía y la autodeterminación.

Todo esto hace que el futuro de la humanidad sea incierto, en medio de las confrontaciones. La tendencia global hacia la implantación de un sistema multipolar que se imponga a la hegemonía unipolar, abogada de políticas contrapuestas a los intereses de cada Estado y nación, es una esperanza.

En la Asamblea General fue notorio el discurso de confrontación del presidente Trump. Su tiempo lo dedicó a lanzar amenazas de destrucción contra países y sus pueblos que Washington considera como peligros importantes para su seguridad.

Nada más falso, porque los países con los cuales se ha enfrentado Washington simplemente han cometido el delito, para los ojos de los Estados Unidos, de buscar un camino propio y han decidido libremente aceptar los retos del futuro y encontrar una vía independiente hacia el desarrollo y la superación de todas las lacras de la pobreza, la miseria y la deshumanización de la política.

Irán, situado a miles de kilómetros de distancia, nunca pensó en entrar en confrontación con el régimen norteamericano, porque ha emprendido su camino al desarrollo y porque su ideario político religioso se fundamenta en el crecimiento en paz.

Este conflicto USA-Irán no existiría ahora si no hubiese mediado la agresión injustificada estadounidense.

Cuba es otro país acosado por el gobierno norteamericano. Últimamente le ha impuesto un recrudecimiento del bloqueo iniciado a comienzos de la revolución.

Cuba, un país pequeño, pobre, pero con una profunda voluntad patriótica de defender su libertad. No puede ser bajo ninguna circunstancia una amenaza para los Estados Unidos.

Por el contrario, la amenaza la han constituido siempre los gobiernos norteamericanos que han intervenido y agredido a Cuba.

Trump ha amenazado a Irán y a Cuba con convertirlos en polvo y ceniza si no acceden a sus deseos inaceptables.

Pudiera ser que cualquiera de nosotros no esté de acuerdo con lo que pasa en esos Estados, pero si ahí se desenvuelven procesos respaldados por las bases populares, estos son legítimos a la luz de las leyes internacionales y no deben ser objeto de chantajes, amenazas o agresiones para cambiar su rumbo.

Las advertencias de Trump en la ONU se extendieron a Canadá, México, Brasil, la Corte Internacional Penal, Afganistán y todos los países que no se alinean con los intereses norteamericanos en contra de los intereses de los pueblos y del derecho soberano a decidir libremente su destino.

Nos queda un amargo sabor de boca porque, a pesar de los constantes pedidos para que haya una verdadera reforma en la ONU y una redirección de sus actividades destinada a proteger a los pueblos víctimas de las potencias que ponen sus intereses por encima de los de los pueblos, no se vislumbra un futuro halagador.

Un paso fundamental debe ser incorporar a miembros permanentes al Consejo de Seguridad a países de África, Asia y América Latina. Así habrá más equilibrio y justeza en las decisiones de ese Consejo.

Vendrá nuevamente la resolución mayoritaria para exigir a los Estados Unidos el levantamiento del bloqueo y las sanciones a Cuba.

Tal resolución será, otra vez, papel mojado. No se cumplirá.

Esto es realmente grave para los Estados pequeños y sin capacidad militar para defenderse, y son estas naciones las que deben levantar la mano y su voz para exigir que volvamos al régimen mundial de respeto a los principios de libertad, independencia, soberanía y autodeterminación de todos los pueblos, sean grandes o chicos, poderosos o desarmados, libres u oprimidos ilegalmente.

El presidente Asfura debe reflexionar sobre este asunto: de esta inestabilidad proviene el aumento del precio de los combustibles y la profundización de la miseria.

Hay tareas fundamentales que resolver, pero debe ser en un mundo de respeto a la legalidad: el calentamiento, la escasez de agua, el armamentismo, el hambre y la miseria, el neocolonialismo y otras lacras que por ahora no menciono.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias