“La energía y la persistencia conquistan todas las cosas”: Benjamín Franklin.
Celebramos el 18 de agosto el “Día de Nunca Rendirse”. La perseverancia es mucho más que resistir; es la decisión diaria de seguir avanzando cuando sería más fácil abandonar. Los hombres y mujeres que transforman familias, empresas, ciudades y naciones son los que continúan aun cuando otros abandonan y siguen su comodidad, dejando a un lado la oportunidad que un día tuvieron.
La psicóloga Angela Duckworth popularizó el concepto de la determinación y la pasión a largo plazo, enfatizando que la constancia puede ser mejor predictor del éxito que el talento por sí solo.
Las personas que no se rinden siempre tienen resiliencia, pues llevan el deseo de levantarse después de las caídas; son portadoras de paciencia, saben que los grandes resultados toman tiempo, abrazan la disciplina, ya que continúan aunque no tengan la motivación; la esperanza les cae como la lluvia, ya que creen que el futuro puede mejorar; la valentía les suda por los poros, pues enfrentan los problemas en lugar de evitarlos.
La fe mantiene convicciones firmes en lugar de vivir la incertidumbre; es de humildes aprender de sus propios errores y el sello del propósito es la generación que nunca se rinde; saben por qué luchan, para quién y cómo hacerlo.
La historia registra que Abraham Lincoln enfrentó múltiples fracasos políticos antes de convertirse en presidente de los Estados Unidos y liderar el país. Thomas Edison realizó miles de intentos para perfeccionar la bombilla eléctrica; Nelson Mandela pasó 27 años en prisión y nunca abandonó su visión sobre África y el mundo; Noé construyó el arca sin ver la lluvia; José fue vendido, abandonado y olvidado, pero nunca abandonó su fe. David enfrentó pruebas de rechazo y persecución y llegó a ser rey de Israel.
“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”. Gálatas 6:9 (RVR60).
Rendirse nunca es opción.