Mujeres

Isabel Allende ha tenido una vida cargada de satisfacciones, tristezas, éxitos y desgracias.

  • Actualizado: 26 de enero de 2026 a las 00:00 -

“Que las mujeres felices son las más bonitas”, decía la actriz norteamericana Audrey Hepburn.

En nuestro país estamos celebrando el mes de la mujer hondureña, así que he aprovechado para recordar y escribir sobre algunas de ellas, sobre mujeres por demás extraordinarias. Y para cerrar con broche de oro, pensé en escribir sobre una muy especial, una mujer en toda la extensión de la palabra.

El mes pasado leí una de sus últimas novelas, Mi nombre es Emilia del Valle. Exquisita lectura. Quedé encantada, como siempre, y gratamente sorprendida por lo bien que Isabel Allende se mantiene, a pesar del tiempo.

La escritora más leída en español nació en Perú por una casualidad y es chilena de corazón.

Su primer libro nació como una carta de despedida a su adorado abuelo, mientras ella y su familia estaban en el exilio en Venezuela; estaba por cumplir 40 años.

Desde pequeña leía mucho; aun cuando ya era hora de ir a la cama, leía dentro de las sábanas con una linterna que le había regalado su tío Pablo, tío a quien amó entrañablemente y quien murió trágicamente en un accidente de avión.

El esposo de su madre era diplomático, razón por la cual viajó mucho durante su infancia; eso le resultó en una gran apertura de mente y creatividad, las cuales no impidieron que creyera en cosas como las profecías gitanas y rituales para atraer la buena fortuna.

Isabel Allende ha tenido una vida cargada de satisfacciones, tristezas, éxitos y desgracias.

Paula es, en mi opinión, su trabajo más personal —uno de los mejores libros que he leído—, en el que desnuda su corazón y su alma.

Con 83 años sigue escribiendo y sus libros se siguen leyendo en todo el mundo.

Sus grandes amores han sido su madre y sus dos hijos, Nicolás y Paula, a quien está dedicado su libro.

Tanto sus experiencias como periodista y escritora —experiencias que incluyen haber entrevistado a Neruda, por ejemplo—, como sus divorcios, pérdidas, alegrías, mudanzas a distintos países, sus amores y lágrimas, han hecho de ella una mujer única, que comenzó el camino al éxito en una edad en la que muchas mujeres ya se han resignado a no seguir intentándolo.

“Si yo tuviera que decirme a mí misma algo cuando yo era joven, me diría que hay tiempo para cometer errores y para enmendarlos, que la vida es mucho más larga de lo que creemos. Diría a las otras mujeres que traten de tener amigas. Los amantes, los maridos e incluso los hijos vienen y se van; las amigas se quedan. Y las mujeres juntas son invencibles; las mujeres solas son muy vulnerables”, asegura la escritora.

Y esto me recuerda la bella frase de Diane Vreeland, una de las editoras de moda más importantes de Estados Unidos: “La primera regla que se le enseña a una geisha cuando tiene nueve años es a ser buena con otras mujeres. Todas las niñas del mundo deberían recibir entrenamiento geisha”.

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