18/04/2026
10:05 PM

La sal de la tierra

Salomón Melgares Jr.

En el mundo antiguo, sin ningún sistema o dispositivo que sirviera para refrigerar, el uso más común de la sal era conservar los alimentos y evitar que se echaran a perder.

En Mateo 5:13 encontramos que Jesús les dice a sus seguidores que son “la sal de la tierra”, con lo cual aludía a esa capacidad de detener el proceso de descomposición de la comida. Es decir, Jesús quería que ellos llegaran a ser “obstáculos para la inevitable corrupción en la tierra”, como alguien bien lo escribiera antes que yo.

Pero existe otro punto importante en todo esto. La sal, en tiempos de Jesús, era a menudo impura, debido a que procedía de marismas donde muchas impurezas corrompían el importante mineral.

Cuando esas impurezas subyugaban la sal utilizada en conservación, dicha sal, simplemente, no hacía su trabajo, y el alimento se echaba a perder.

Jesús, entonces, al llamarles “sal” a sus seguidores, estaba también retándoles a evitar las impurezas para que así pudieran efectuar la tarea de “salar” el mundo en el que viven. En pocas palabras: ellos tenían que ser una contracultura, evitando la corrupción en el mundo y viviendo una vida de pureza y fe.

Todo esto no ha cambiado hasta el día de hoy, cabe decir. Lo cual nos lleva hacia una pregunta crucial: ¿Están haciendo así los actuales seguidores de Jesús? Deberían. Jesús continúa diciendo en el versículo antes citado que, si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor?

Ya no sirve para nada, sino para que la gente la descarte o deseche como algo que no tiene ningún valor. Y los seguidores de Jesús que son fieles a su llamado harán de la tierra “un lugar más puro y agradable al paladar” (France); si ponen, por el contrario, su mirada en otro llamado o en las órdenes de otros “maestros”, al igual que la sal insípida, se volverán buenos para nada. ¡Que Dios nos ayude a no perder nunca el sabor!