Todos queremos lo mismo; que dejen de matar a periodistas en México.

Y lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador no entiende es que, cuando periodistas y parlamentarios europeos criticamos a su gobierno por tanta violencia, no lo hacemos por golpetear. O por ideología. O por intentos golpistas, ni por injerencia. Lo hacemos, simplemente, para salvar vidas. Y porque ese es nuestro trabajo.

“No estamos armados, no traemos armas; nuestra única defensa es una pluma, un lapicero, una libreta”, había dicho el periodista Armado Linares en un mensaje por internet tras el asesinato de uno de sus compañeros del portal Monitor Michoacán. “Vamos a seguir denunciando corrupciones aunque la vida nos vaya en ellos”. Y tristemente, se le fue. Lo asesinaron hace unos días en su propia casa.

AMLO ha fallado en lo más básico: garantizar la vida de los mexicanos. Ya van 33 comunicadores asesinados desde que él ganó la presidencia y ocho en este año, según la organización Artículo 19. Esto convierte a México en uno de los países más peligrosos del mundo para el periodismo, solo comparable a zonas de guerra. De seguir así, el sexenio de López Obrador será el más letal para el periodismo mexicano en este siglo.

Esto es importante. No estamos acusando a AMLO de mandar a matar a los periodistas. Como él mismo dice, no se trata de crímenes de Estado. Pero sí ha fracasado rotundamente en proteger la vida de los periodistas y es culpable de crear un ambiente adverso contra el periodismo independiente por sus frecuentes e injustas acusaciones públicas a quienes lo critican.

AMLO se ha puesto a la defensiva. En lugar de cooperar con los periodistas y con organizaciones internacionales para buscar soluciones a la violencia contra los medios, se la ha tomado personal. Insiste, sin ofrecer pruebas, que hay conspiraciones internacionales y campañas de medios contra su gobierno. Nada de eso es cierto. Cuando el Parlamento Europeo pasó una resolución (con 607 votos a favor) pidiendo garantías para la protección de periodistas y activistas en México, AMLO contestó diciendo que los eurodiputados votaron como “borregos”. Y después de varios intercambios públicos dijo que “le daba risa” Leopoldo López Gil, uno de los eurodiputados que ha tomado el liderazgo en este asunto.

“Lamento mucho que un tema tan serio le dé risa” al presidente, me dijo el eurodiputado López Gil en una entrevista desde Madrid. “A mí lo que me causa mucho dolor, mucha lástima, es que justo después de haber pasado la resolución hubo otro asesinato” de un periodista en México.

López Gil no es nuevo en el periodismo. Conoce como pocos lo que es enfrentarse a líderes duros. Durante 25 años formó parte de la junta editorial de el periódico El Nacional en Venezuela. Y, por supuesto, es el padre del opositor y exprisionero político, Leopoldo López, quien se escapó de la dictadura venezolana en el 2020. Busqué al eurodiputado López Gil para que me explicara cómo se llegó a esa resolución en el Parlamento Europeo. Todo comenzó con un grupo de periodistas mexicanos. “La Comisión de Derechos Humanos (del Parlamento Europeo) recibió a algunos periodistas mexicanos, cuyos nombres mantenemos en discreción por el peligro que corren”, me dijo. “Ellos nos expusieron la situación en que vivían los periodistas en México... Simplemente que en los últimos tres años, que coinciden con la nueva administración, se ha triplicado el número de asesinatos y de ataques a los medios.” El eurodiputado López Gil asegura que, para él, “no es un tema personal en absoluto; yo no tengo ningún problema con el señor presidente López Obrador.” Y luego me explicó que votaron por la resolución para proteger a la prensa mexicana miembros de todas las tendencias. “Ahí estaban representados todos los países de la Unión Europea y todos los partidos políticos. Es decir, ahí había diputados desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha.”

Al final de cuentas, de lo que se trata es que no maten a más periodistas mexicanos. “En ningún momento estamos atacando a nadie”, me aclaró. “Estamos llamando la atención a una situación que, lamentablemente, está ahí por la impunidad: el 95 por ciento de los asesinatos no han sido aclarados, ni nadie ha sido llevado a juicio y muchos menos a una prisión.”

La estrategia de “abrazos, no balazos” no ha funcionado en México. Hace poco la Secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, aseguró que los homicidios dolosos iban a la baja en todo el país en los últimos nueve meses. Puede ser. Pero aún así en febrero hubo un promedio de 83 asesinatos diarios. Eso no se puede considerar un éxito en ningún país. Tras la resolución del Parlamento Europeo el presidente López Obrador le pidió a los diputados que dejaran “atrás su manía injerencista”. Pero olvida que el respeto a los derechos humanos siempre va por encima de las cuestiones de soberanía. La realidad es que el gobierno de AMLO no ha podido reducir la violencia contra los periodistas. Su plan está atorado. Ya es el momento de escuchar otras ideas y de dejar de tomárselo a nivel personal. No es contra el presidente. Es por el bien de México.

No hacerlo culminará, tristemente, en más muertes.