03/03/2024
02:05 AM

El efecto Muller

Juan Ramón Martínez

En los años 70, cuando Rafael Leonardo Callejas fungió como ministro de Recursos Naturales, trabajé con muchos y extraordinarios profesionales de las Ciencias Agrícolas, destacando muchos egresados de la entonces Escuela Agrícola Panamericana, por su elevada formación académica, sus prácticas soluciones a los problemas reales de la producción y productividad agropecuaria, y por la estricta disciplina que les llevaba a lograr y reportar resultados con mayor eficiencia que sus pares. Algunos de esos profesionales, todavía hoy siguen siendo mis amigos, han comentado que si el Dr. Popenoe pudiera ver el grado de deterioro en que ha caído la disciplina por él instaurada, estaría dando tumbos en su ataúd.

En los años ochenta se admitieron y se graduaron las primeras mujeres. En tal oportunidad, algunos docentes manifestaron preocupación por las modificaciones que implicaba la presencia de las nuevas huéspedes.

Ellas soportaron la conducta hostil y toda grosería de sus compañeros, encaminadas a hacerlas desistir. Por su parte, las autoridades de entonces les concedieron igualitarios derechos y deberes en aulas, laboratorios, corrales y campos de cultivo. Las medidas disciplinarias se les aplicó igualitariamente y demostraron ser tan capaces, trabajadoras y competitivas como ellos. Naturalmente, surgieron romances y más de algún malentendido y situaciones comprometedores; sin embargo, la disciplina se mantuvo.

Toca en esta década dar paso a la primera mujer rectora de la afamada institución. Una de sus egresadas, la mexicana Tanya Müller García, clase 96, dueña de impresionantes grados académicos, una especialización en Horticultura, otorgada por el propio Zamorano, una maestría en Economía y Manejo de Agricultura Internacional por la Universidad Humboldt de Berlín, un posgrado en Hidrometeorología por el Ministerio de Transporte y Servicios Meteorológicos de Israel y un diplomado en Derecho Ambiental y Recursos Naturales por el Instituto Tecnológico de México. Curiosamente, pocos relacionados con los logros reportados en su desempeño en su paso por la Secretaría de Ambiente del gobierno del Distrito Federal, adonde, según sus compatriotas, nada de eso le sirvió para combatir, frenar y buscar erradicar la contaminación en la Ciudad de México.

A casi un año en el cargo no ha podido frenar la pérdida de la disciplina de la institución. Más bien ha ahondado la permisividad, la inclusión y la equidad, mal entendida; y sin devolver facultad a los docentes para marcar faltas a la disciplina y al desempeño académico. Ello es funesto para el prestigio del Zamorano, forjado a lo largo de 80 años, y marcado por el trabajo y respeto a las normas.

Lo preocupante son los sucesos recientes que provocaron la indignación y protestas de las propias estudiantes, ahora numerosas, por la agresión ocurrida en sus propios dormitorios por un compañero de estudios. La versión periodística menciona que tanto víctimas como victimario habían ingerido alcohol, al grado de perder el conocimiento. Antes esa práctica era prohibida. Incluso presentarse a las instalaciones oliendo a alcohol, aunque el consumo se hubiese hecho afuera. Tampoco era permitido el acceso de los varones a los dormitorios del sexo opuesto. Ahora es válido, en nombre de una mal entendida equidad.

No pretendo defender al agresor. Jamás. Tiene todos los agravantes, incluido el temor de las ofendidas para testificar; sin embargo, como dice el dicho popular: “La ocasión hace al ladrón”. Con las medidas de elemental orden, como prohibir el acceso a las habitaciones a miembros del sexo opuesto, hubiera dificultado la agresión. Igual que prohibir la circulación de bebidas enervantes.

Conocer la absolución del indiciado por falta de interés de los fiscales y la cooperación de las menores ofendidas hace más grave la situación. La rectora debe rectificar, antes que el fracaso empañe su gestión.