Estados Unidos ha secuestrado de manera violenta al presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Este acto constituye una violación de las leyes internacionales, base fundamental del sistema mundial dirigido por la ONU, y por tal motivo el presidente Trump ha recibido la protesta enérgica de la gran mayoría de los Gobiernos del mundo, del Consejo de Seguridad de la ONU, del secretario general de la ONU y de otros organismos especializados de esta misma organización mundial.
Al intervenir militarmente en Venezuela con un saldo de un centenar de muertes entre civiles y militares, la destrucción de infraestructura militar y civil y el secuestro del presidente Maduro y su esposa, los Estados Unidos ha violado la soberanía del país sudamericano, ha pisoteado el principio de autodeterminación y no intervención en los asuntos de otros Estados y ha atropellado la inmunidad mundial de que goza el presidente Maduro por su alta investidura.
Venezuela fue objeto de agresiones desde que Hugo Chávez ascendió a la Presidencia en 1999. El primer acto hostil fue el intento de golpe de Estado de 2003. Luego vinieron: el bloqueo que produjo serios problemas económicos y una migración desordenada, la proclamación de Guaidó como seudopresidente, la confiscación ilegal de los bienes venezolanos en Norte América e Inglaterra, las guarimbas con los asesinatos y la destrucción, los sabotajes y las amenazas permanentes, la amenaza militar.
Al asumir su mandato Chávez, las compañías petroleras norteamericanas controlaban la extracción y la comercialización del petróleo, por la actitud permisiva y entreguista de los Gobiernos anteriores. Venezuela solo recibía las migajas del gran negocio. Chávez nacionalizó los yacimientos y la industria petrolera y ofreció discutir con las empresas interesadas en comprar petróleo a precios y condiciones justos. Además, derramó entre las capas pobres las ganancias petroleras.
Los Estados Unidos no aceptaron estas justas condiciones y por el contrario iniciaron acciones para acorralar el Gobierno venezolano, acciones de agresión que han desembocado en la intervención militar del 3 de enero.
Los motivos presentados por Trump para cometer su intervención en Venezuela se han desdibujado porque eran falsos: Venezuela no trafica con drogas y mucho menos con fentanilo, tal como lo aceptan varios organismos de la ONU, Maduro no es narcotraficante ni dirige el falso Cartel de los Soles, Maduro es el presidente legítimo de Venezuela.
El presidente Trump, ahora que tiene como rehén a Maduro, ha olvidado las acusaciones de narcotráfico y la de dirigir el Cartel de los Soles, pues el mismo Gobierno norteamericano ha aceptado que no existe y se ha concentrado en su objetivo principal: apoderarse de la riqueza petrolera y mineral de Venezuela, en intentar convertirse en el gran conductor de Venezuela y administrador de los recursos que son propiedad del pueblo venezolano.
Los actos violentos en el primer año de mandato de Trump son preocupantes para el respeto de las leyes que rigen la convivencia pacífica del mundo.
Según el norteamericano Richard Wolff, estos actos de Trump podrían acelerar la caída de la hegemonía estadounidense, ahora en que China se ha convertido en la primera potencia comercial y va en camino de ser potencia militar, y Rusia, equiparada militarmente con los Estados Unidos.
La organización Brics consolida su aspiración de nuclear al Sur global mediante una política de cooperación financiera sin exigencias ni condiciones de dominación, asunto que redirige al mundo a una era de multipolaridad en la que los Estados Unidos pierde su calidad de dirigente único del mundo.
La capacidad de los países del Brics de negociar en sus propias monedas, sin la utilización del dólar como moneda de intercambio mundial, acelera esta tendencia, a la que se suman una cantidad apreciable de naciones y Estados.
Amenazar a Canadá, Colombia, Cuba, Irán, Panamá, México, Brasil, varios países africanos, Palestina y Gaza, la Unión Europea, Corea del Norte, Rusia y China no ayuda a la paz mundial.
Muchos han celebrado insensatamente estos actos de Trump, sin reflexionar en que estas violaciones de las leyes intencionales -Trump sostiene que no debe obediencia al ordenamiento mundial de la ONU- constituyen un llamado de urgencia a la unidad de los Estados latinoamericanos y caribeños frente a la intención del Gobierno norteamericano de resucitar la fatídica doctrina Monroe.
Celebrar el atropello nos pone en el peligro de que podamos ser objeto más tarde de iguales o más graves agresiones.
La tarea es exigir la liberación de Maduro y el cese de la intervención en Venezuela.