La ineficiencia del sistema eléctrico constituye el problema más grave que enfrentamos en este momento. Constituye la mayor parte de la deuda externa. La Enee es la institución pública que da servicios costosos y con interrupciones que provocan daños a toda la economía. Donde Mel Zelaya ve una oportunidad para movilizar a sus bases políticas, el resto identificamos un problema que resolver, si es que queremos que el país salga adelante. O se hunda definitivamente.
SENDAS (Think Tank) y el Laboratorio del ITEC de Monterrey, México, han preparado un informe de 9 de junio pasado. Concluyen que la Enee consume recursos, en lugar de crearlos. Los usuarios sufrieron en 2025 un promedio de 82 cortes del servicio “pagando tarifas similares a las de los vecinos centroamericanos, que tuvieron un servicio más continuo.
Una empresa industrial en Honduras paga entre 16% y 21% más por la electricidad que sus competidoras de Guatemala y El Salvador cuando se incorpora el valor de la energía no suministrada. La Enee compra energía que no logra cobrar, acumula deudas equivalentes a una cuarta parte de la deuda pública, paga tarde, compra caro, y posterga la inversión que permitiría romper el ciclo.
Cada año sin reforma significa menos recursos para salud y educación, energía más cara para producir y competir, y casi un millón de hondureños siguen sin acceso al servicio. Sin corregir estas fallas estructurales, la crisis continuará, sea bajo propiedad pública o privada”.
Este no es un problema nuevo. El Banco Mundial en el 2007 recomendó que se le buscara solución. Los gobiernos de Zelaya, Lobo Sosa, JOH y Castro no hicieron nada.
Ahora que Asfura lo enfrenta y decide hacer algo, Mel -de acuerdo con su naturaleza negativa para los intereses nacionales- llama a sus alicaídas bases para que salgan a la calle, paralicen el tráfico y comprometan la tranquilidad del país a cambio de postergar la atención a un problema grave.
Incurre en una doble irresponsabilidad: solicita que le impidamos al gobierno de Asfura que haga algo para resolver el problema y levanta la bandera de lucha en una falsa y aparente defensa de la propiedad pública frente a la propiedad privada.
Este es un guion que hemos visto en varias otras sociedades y carece de responsabilidad, ya que en términos exactos la energía que maneja la Enee -su negocio principal- es comprada en su mayor proporción a proveedores privados.
Lo que confirma que el problema entonces no es si la Enee debe seguir siendo una empresa pública o privada, sino que sí operará con eficiencia y no provocará pérdidas que tendremos inevitablemente que pagar los contribuyentes.
El consumidor no diferencia si la energía que recibe es pública o privada. Necesita electricidad. Por lo que le da igual una cosa o la otra. Lo que necesita es el servicio puntual de calidad y a un precio competitivo con los países de la región. Es decir, no “le interesa el color del gato, tan solo que cace ratones”.
La decisión de dividir el problema en tres entidades: producción, transmisión y distribución, nos parece lógica y conveniente.
La producción nacional proporcionalmente se ha ido reduciendo en el curso del tiempo porque el sistema público no ha invertido realmente en tal propósito, de forma que hay que buscar quien inyecte dinero al sistema para que se resuelvan las diferencias que tenemos frente a una demanda en crecimiento, que en la medida en que se hagan más inversiones en el país aumentará en forma sostenida.
Además, los hondureños que hasta la fecha no reciben energía tendrán la oportunidad de tenerla si se resuelve el problema de la Enee.