Los desafíos para alcanzar mayores niveles de desarrollo muchas veces pueden parecer abrumadores, especialmente cuando se trata de países como Honduras, en los que partimos de una base compleja.Podría compartir datos en materia de educación, salud, empleo, vivienda y otros aspectos fundamentales; sin embargo, sería solo subrayar una realidad ampliamente conocida.
Los avances son pequeños pasos cuya autoría se adjudican políticos de distintos colores, cuando en realidad responden al esfuerzo de muchos sectores, además del público.Organizaciones de la sociedad civil, academia, iglesia, empresa privada y la cooperación internacional para el desarrollo también tienen mérito no solo en el alcance de logros, sino en frenar el deterioro.
En un contexto donde resulta más fácil desprestigiar que respaldar; destruir que construir; sembrar odio y resentimiento, en lugar de acercar y sanar, es una tarea ardua trabajar por el bien común.A pesar de las dificultades, hay instituciones que mantienen inalterable su papel y convocan siempre a la reflexión, al trabajo conjunto y al apoyo fraternal, una de ellas es la Iglesia.Esta vez, como cada año, es la Iglesia la que mantiene viva la conmemoración de agosto como mes de la familia, fecha establecida en 1994 por el gobierno del entonces presidente Carlos Roberto Reina.
Con el correr del tiempo, es la Iglesia la que sigue llamando a reflexionar sobre el enorme papel de la familia en la formación de las personas, en el desarrollo de valores y habilidades, así como en el fortalecimiento de la fe, que son indispensables para que una sociedad salga adelante.
El llamado a fortalecer la familia como base de la sociedad enfrenta un momento complejo, en el que el concepto de familia tradicional biparental se deteriora por motivos de toda índole, desde situaciones de violencia, migración, pobreza y exclusión, hasta decisiones impulsadas por el desencanto y estilos de vida sin compromisos.Cualquiera que sean las condiciones de un hogar, la responsabilidad en la formación de sus miembros es ineludible, por ello es tan relevante enfocar esfuerzos en el desarrollo de las familias, en el fortalecimiento de sus bases y en el trabajo conjunto con sus miembros.
El llamado a enfocarnos en la familia desde distintas perspectivas, como un lugar seguro y libre de violencia psicológica y física; el espacio donde sus miembros puedan y quieran crecer; el núcleo donde descubrir y mantener la humanidad y la fe, está presente este mes.Atendamos ese llamado a fortalecer nuestro propio hogar, en lo que somos capaces de lograr si nos enfocamos a tomar acción para construir desde allí, desde nuestra pequeña porción del mundo, lo que deseamos que sea amplificado. ¡A valorar la familia!