Contratar influencers para promocionar su negocio casi nunca es una buena decisión. En la práctica, suele ser un acto de fe o una búsqueda de validación. Se apuesta a que la exposición se transforme en ventas sin un sistema que lo respalde. Se confunde aparecer con crecer. Y esa confusión cuesta dinero.
Muchos influencers locales no venden. Entretienen, generan conversación y acumulan reacciones, pero no impulsan compras de manera consistente. Usted puede lograr que miles vean un contenido y, aun así, no conseguir un solo cliente nuevo. No es un error de ejecución; es un error de enfoque.
San Pedro Sula es un mercado pequeño, con audiencias que se repiten y se saturan rápido. Gran parte de los influencers trabaja con públicos mal segmentados y mensajes genéricos. Promocionan productos que no conocen y servicios que no podrían explicar con propiedad. El resultado es contenido poco creíble, fácil de olvidar y débil para generar confianza.
A esto se suma una falla crítica: casi nunca se mide lo que importa. No se rastrean ventas, leads ni retorno. Solo se reporta visibilidad, que es una métrica social, no comercial. El mismo mensaje, repetido por los mismos rostros, pierde fuerza. El resultado es previsible: marcas pagando por presencia digital, no por resultados reales.
Esto no significa que los influencers no tengan ningún valor. Significa que su valor es limitado. Un influencer no corrige un producto mal diseñado, no salva una propuesta de valor confusa ni reemplaza una estrategia comercial sólida. Si usted no tiene claro quién es su cliente, qué problema resuelve y por qué deberían elegirlo, ningún creador de contenido lo va a solucionar.
El proceso comercial tiene más impacto que cualquier campaña con influencers. Un equipo de ventas mejor entrenado, una oferta bien explicada o una campaña digital bien segmentada suelen dar mejores resultados. Las alianzas estratégicas con empresas que ya tienen la confianza del cliente correcto también suelen ser más efectivas que la exposición masiva.
Muchas ventas se pierden por fallas básicas, no por falta de alcance. El influencer puede servir como apoyo, pero no como motor de ventas. En un mercado como San Pedro, vender más depende menos de verse y más de ejecutar bien. Y eso, aunque no luzca en redes, es lo que sostiene a una empresa en el tiempo.