“Las profecías susurran secretos, son páginas que aún no hemos escrito”: Luis Gabriel Carrillo.
Es una verdad que en un mundo natural la ciencia trabaja con la observación, experimentación, repetición y medición, por lo tanto, la ciencia no puede refutar ni medir si es verdadero o falso, ya que el mundo espiritual y la Deidad Divina no son medibles.
La historia solo evalúa si se cumplieron eventos anunciados. Hay mucha evidencia de textos proféticos antiguos que se cumplieron, como la caída de Babilonia, la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. y la dispersión y preservación del pueblo judío.
La historia establece que los textos preceden a los hechos y los hechos ocurrieron. La razón puede analizar la coherencia y probabilidad de la verdad, y hechos que marcaron un antes y después en una nación, ciudad y en forma personal.
La profecía no contradice la ciencia, pero sí opera en otro nivel de realidad. La historia misma en el transcurso del tiempo puede verificar si los eventos ocurrieron; solo la fe reconoce a Dios como la fuente de la profecía.
Es evidente que la ciencia responde al cómo, pero la profecía responde al por qué, y la fe responde al quién.
“Las cosas secretas pertenecen a Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley”, Deuteronomio 29:29 (RVR60).
¿Qué es la profecía? Es tan simple como hablar a la mente y al corazón de Dios tal como lo revela el Espíritu Santo; es el derramamiento del corazón de Dios.
“El testimonio de Jesús es el espíritu de Profecía”, Apocalipsis 19:10 (RVR60).
Muchos dicen y hablan de terremotos y tsunamis, predicen desastres y ni viven en la nación; eso ya está profetizado en Mateo 24. Lo poderoso es una palabra de ciencia del ahora y del futuro en un tiempo final. Dios es real, Él sigue hablando.