“Entre algoritmos”

Los algoritmos facilitan la toma de decisiones, pero el liderazgo y la vida requieren sabiduría, ética y discernimiento para utilizar la tecnología con responsabilidad

  • Actualizado: 04 de noviembre de 2026 a las 00:00 -

“Un algoritmo debe verse para creerse”: Donald Knuth.

El algoritmo es un conjunto ordenado de instrucciones o pasos que se siguen para resolver un problema, realizar una tarea o alcanzar un resultado determinado. Es maravilloso poder ver cómo esa secuencia de instrucciones produce resultados; sin embargo, en el liderazgo y en la vida humana, no basta con seguir pasos: también necesitamos criterio, ética y sabiduría para decidir qué resultado merece perseguirse.

Podemos tener inteligencias múltiples, pero ¿existe un solo desafío? Un algoritmo puede enseñarnos cómo procesar información, pero la sabiduría nos obliga a preguntarnos para qué la utilizamos.

La inteligencia artificial utiliza estos algoritmos, pero hay algo que se debe entender: cada algoritmo puede calcular una respuesta sin comprender necesariamente su significado humano, moral o espiritual. La sabiduría espiritual, desde la perspectiva bíblica, orienta y examina si nuestras decisiones son coherentes con la voluntad de Dios y con principios como la justicia y el amor al prójimo.

En la empresa, los algoritmos se utilizan para analizar las ventas u organizar inventarios; en la educación, para detectar los conocimientos que se necesitan reforzar.

Es por ello que la tecnología puede ayudarnos a facilitar la toma de decisiones, pero el gran apóstol Pablo nos exhorta a que tengamos discernimiento: “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual”. Colosenses 1:9 (RVR1960).

Parece que hoy todo el mundo camina con un algoritmo de toxicidad en forma general; es el tiempo de cambiar la queja por una propuesta, la murmuración por una conversación responsable, la ingratitud por el reconocimiento, el pesimismo por el realismo, la indiferencia por la responsabilidad y la agresividad por el autocontrol.

La sociedad no cambia cuando se crean nuevas leyes, sino cuando estas se cumplen y se respeta a los demás.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias