“Dondequiera que se ame el arte de la medicina, se ama también la humanidad”: Hipócrates.La grandeza de una nación también se mide por la manera en que cuida la vida de sus ciudadanos. Detrás de cada diagnóstico hay una historia; detrás de cada paciente, una familia, y detrás de cada médico, una vocación que exige disciplina, ética, conocimiento y, sobre todo, humanidad.
En una sociedad responsable se debe honrar a sus buenos profesionales médicos, respetar su profesión y promover condiciones que les permitan ejercer con excelencia, siendo imperativo que todo profesional de la salud preserve la sensibilidad ante el dolor ajeno. Ningún paciente debería sentirse reducido a un número, una enfermedad o una condición económica; se necesitan profesionales preparados, íntegros y solidarios, e instituciones que valoren su trabajo y faciliten el acceso a la salud.
Un médico excelente no solo estudia enfermedades; aprende a comprender personas. Su conocimiento puede salvar una vida, pero su humanidad puede devolverle al paciente la esperanza y la dignidad. La salud es un regalo que se tiene y cada persona es responsable de administrarla con integridad.
El cuidar la salud no solo es una necesidad, sino una expresión de gratitud, responsabilidad y respeto por la vida. “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” 3 Juan 1:2 (RVR60).
Hoy se debe reconocer el valor del conocimiento médico, cuidar el cuerpo con responsabilidad, ejercer la medicina con compasión y promover la cultura de la prevención y la solidaridad, tanto en el hogar, la comunidad, hospitales y clínicas, e instituciones y empresas, como en el ámbito público.
La salud no se mide solo por hospitales o medicinas, sino por la dignidad brindada al paciente, ciencia para diagnosticar, tecnología para avanzar y ética para actuar; pero, sobre todo, esa humanidad para recordar que detrás de cada expediente hay una persona y una familia.