El tiempo mejor aprovechado

Aunque suele asociarse con desperdiciar las horas, “perder el tiempo” también puede ser una forma necesaria de descansar, recuperar energías y fortalecer los vínculos con quienes queremos

  • Actualizado: 26 de agosto de 2026 a las 00:00 -

Se ha dicho que el tiempo es oro. Y no deja de ser cierto. El tiempo es un bien siempre escaso, al que es necesario sacarle el mayor provecho posible. “Matar el tiempo”, por ejemplo, es un auténtico crimen. Dejar que pasen las horas y los días sin exprimir cada uno de sus minutos puede ser motivo de lamentaciones más adelante.

Sin embargo, hay momentos, hay ocasiones, en las que pareciera que estamos “perdiendo el tiempo” y que resultan ser los mejor vividos, los más ricos, los que más nos alimentan por dentro y que nos hacen caer en cuenta que la existencia tiene sentido. Dedicar tiempo a la lectura, diariamente si es posible, es una manera de hacer buen uso de él; escuchar buena música, igual. Organizar el horario para hacer ejercicio, por lo menos caminar, hace muchísimo bien al cuerpo y a la mente. Y, ni qué decir, dedicar el que haga falta a la familia y a los amigos.

Lo diré una vez más: el cuerpo y la mente son como una cuerda, se mantienen en constante tensión y acaban por romperse: hasta las máquinas necesitan períodos para ser revisadas, lubricadas, puestas al día. Las personas, que somos mucho más “deteriorables”, porque somos mucho más complejas que los aparatos, también.

Por lo anterior es por lo que, no obstante tengamos mil tareas, debemos aprender a “perder el tiempo”, que no es, evidentemente, dedicarse a no hacer nada, pero sí a cambiar de actividad, a desconectar, a descansar el cuerpo y la mente, a recuperar energía, a alimentar el alma.

Y para eso no hay nada mejor que dejar los espacios necesarios para estar con la gente a la que queremos, con la que podemos abrir el alma, con la que podemos perder la vergüenza y manifestarnos tal cual somos, sin miedo a que piensen mal de nosotros o nos juzguen.

Nada ayuda más a recomponernos que un par de ratos con el cónyuge o los hijos, en un clima relajado y cálido. Pocas cosas nos permiten sentirnos más a gusto que compartir con los amigos, con aquellos que son una especie de “alter ego”, ese otro yo que nos escucha, da importancia a nuestras cosas y nos hace sabernos importantes y queridos.

Conocí una empresa que acostumbraba a tener, por lo menos una vez al mes, una “junta sin agenda”, para hablar de todo, también de las cosas personales. De ahí salían muchas veces los mejores proyectos. Porque el clima distendido generaba mayor creatividad.

Los seres humanos necesitamos “perder el tiempo” para poder aprovechar mejor aquel que los necesarios horarios laborales nos exigen.

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