El destino de su vida

Se hace inevitable preguntar lo siguiente: si usted muriera hoy, ¿a dónde se dirigiría su alma? ¿Al cielo o al infierno?

  • Actualizado: 18 de septiembre de 2026 a las 18:02 -

El reconocido evangelista Billy Graham solía contar una historia atribuida a Albert Einstein. En cierta ocasión, el famoso científico viajaba en un tren para cumplir un compromiso fuera de la ciudad. Mientras estaba profundamente concentrado en sus pensamientos y en el trabajo que llevaba consigo, el cobrador pasó por los asientos solicitando los boletos de los pasajeros.

Cuando llegó junto a Einstein, este comenzó a buscar el suyo en los bolsillos del abrigo y en su portafolio. Revisó una y otra vez, pero no conseguía encontrarlo. Visiblemente preocupado y avergonzado, continuó buscando mientras el cobrador esperaba pacientemente. “Todos sabemos quién es usted, doctor Einstein”, le dijo el cobrador. “Estoy seguro de que compró su boleto. No se preocupe; no hay ningún problema”. El hombre siguió su recorrido por el vagón. Sin embargo, poco después, al mirar hacia atrás, vio algo inesperado: Einstein estaba de rodillas, apoyado en las manos, buscando afanosamente el boleto debajo de su asiento.

El cobrador regresó inmediatamente y le dijo: “Doctor Einstein, por favor, no se preocupe por el boleto. Yo sé quién es usted”. Entonces Einstein levantó la mirada y respondió: “Yo también sé quién soy. ¡Lo que no sé es hacia dónde me dirijo!”.

Esta historia nos invita a reflexionar sobre un asunto de enorme importancia para nuestras vidas: podemos saber quiénes somos, conocer nuestros talentos, dominar nuestra profesión y cumplir con cada una de nuestras responsabilidades, y aun así no tener claro hacia dónde estamos llevando nuestra vida. El relato nos insta, pues, a hacer una pausa periódica, no para preguntarnos qué hemos logrado o qué sabemos hacer, sino para examinar hacia dónde nos están llevando nuestras decisiones, nuestra forma de invertir el tiempo y las prioridades que poseemos actualmente. Proverbios 14.12 nos dice: “Hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero acaban por ser caminos de muerte”.

Se hace inevitable, en este punto, preguntar lo siguiente: si usted muriera hoy, ¿a dónde se dirigiría su alma? ¿Al cielo o al infierno? Hoy es el día para buscar a Dios; no lo posponga, puede ser muy tarde. Como bien decía J. C. Ryle: “El mañana es el día del diablo, pero el hoy es el día de Dios”. A Satanás no le importan mucho sus deseos de cambiar, siempre y cuando deje ese cambio para el mañana que nunca llegará.

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