En Honduras hemos cultivado una costumbre tan costosa como inútil: creer que los problemas estructurales se resuelven con un cambio de logo. Lo vemos seguido en nuestras instituciones; se le cambia el nombre a una fuerza de seguridad, se repintan las patrullas y se estrenan uniformes, como ocurrió con la DIPAMPCO, pero el déficit operativo y las malas prácticas siguen intactos debajo de la nueva tela. Hoy, esa misma receta cosmética se la están aplicando a la ENEE. Nos anuncian como un gran triunfo que la estatal eléctrica ha sido fragmentada en tres empresas.
El discurso oficial promete que esta división técnica traerá la anhelada eficiencia que el país necesita. Sin embargo, a usted, que es quien sufre los apagones y paga religiosamente una factura cada vez más alta, es difícil venderle esta ilusión. ¿Se acuerda de la Empresa Energía Honduras (EEH)? Nos vendieron exactamente el mismo espejismo: que separar funciones nos sacaría del hoyo. ¿Qué nos dejaron? El mismo servicio mediocre, un agujero financiero más profundo y al Estado recogiendo los escombros para seguir operando con los mismos vicios de siempre. Partir la ENEE en tres no es ninguna proeza técnica.
Es, sencillamente, la excusa perfecta para triplicar los escritorios, inflar las gerencias y crear nuevas planillas. Es abrir más ventanillas para acomodar a los allegados políticos y seguir repartiendo el pastel de los contratos. Dividir una manzana podrida en tres pedazos no la hace comestible; solo le deja tres pedazos de basura. Mientras no se tenga el valor de meter el bisturí de verdad, seguiremos a oscuras. Cualquier persona que haya trabajado en control de calidad le diría que un sistema fallido de origen no se arregla multiplicando los equipos, sino depurando los errores estructurales y descartando la inoperancia.
Mientras no tengan el valor de cortar de raíz el clientelismo, los contratos amañados y la ineptitud técnica, van a seguir tropezando con la misma piedra. Ya es hora de que dejen de insultar la inteligencia del ciudadano. No necesitamos más reestructuraciones de papel ni cambios de logo para esconder las mismas mañas de toda la vida. Necesitamos que arreglen el desastre, y si no saben cómo hacerlo, que apaguen la luz y se vayan.