Del llanto a la alegría

En Cristo, la realidad y la historia humanas cambian por completo.

  • Actualizado: 17 de julio de 2026 a las 14:32 -

En uno de los pasajes más singulares del libro del Apocalipsis, Juan es llevado en visión al cielo, a contemplar al Rey universal en su trono, rodeado de veinticuatro ancianos y cuatro seres vivientes (Apocalipsis 4). Acto seguido, el vidente observa que en la mano derecha de Dios está un libro enrollado, escrito por ambos lados y cerrado con siete sellos (Apocalipsis 5.1). ¿Qué representa ese libro? Aunque se han ofrecido múltiples respuestas, nosotros creemos que se refiere al plan de Dios para la historia humana.

Es interesante notar que, en la visión, un ángel poderoso se alza y con voz fuerte pregunta si existe alguien que tenga la autoridad suficiente para romper los sellos y abrir el rollo. Pero como no se encontró a nadie en todo el universo que pudiera abrir el libro y mirar su contenido, Juan se puso a llorar desconsoladamente (Apocalipsis 5.2-4).

Aquí surge una pregunta inquietante: ¿Por qué Dios mismo no abre el rollo y ejecuta lo allí escrito? Juan Stam da la respuesta. Es por pura gracia. Si el Dios que es perfectamente justo y santo nos juzgara sin mediación alguna, el juicio sobre nuestras vidas solo podría ser condenatorio. Muchos se han preguntado, por qué Dios no quita el mal en el mundo. La respuesta es la misma, quitar el mal implicaría matar a todos los seres humanos, porque todos somos pecadores irremediables que, en mayor o menor medida, nos causamos mal y le causamos mal a otros.

Sin embargo, y volviendo a la visión de Juan, uno de los veinticuatro ancianos invita al vidente a dejar de llorar debido a que sí existe alguien digno de abrir el rollo y ejecutar sus decretos. Esa persona es nada más y nada menos que Jesús de Nazaret, quien es visto por Juan como un cordero que llevaba las marcas de haber sido sacrificado (Apocalipsis 5.5-7).

En Cristo, la realidad y la historia humanas cambian por completo. Como bien indica Stam, ahora el que juzga a la humanidad es el mismo que murió en lugar de ella. Sin el Cordero, tendríamos que llorar, con el Cordero presente en el escenario, podemos gozarnos y cantar de alegría, porque nos da la esperanza de cambiar nuestra historia hacia un final feliz. ¿Y usted, querido lector, ya se ha apropiado de esa esperanza que solo hay en Cristo?

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