¡Cuídese de ese aguijón!

  • Actualizado: 18 de septiembre de 2026 a las 00:10 -

Cuando mi suegro, don Ángel Irías subió al tejado de su casa en San Pedro, estaba lejos de pensar la pesadilla que iba a vivir enseguida. Quizá quería tapar alguna gotera, pero lo que encontró fue un enjambre de abejas africanizadas que lo atacaron de inmediato. La defensa era prácticamente imposible. Mando, su hijo, se dio cuenta de lo que ocurría y subió rápidamente en su ayuda, y aunque también las abejas lo atacaron, logró rescatar a su padre.

Don Ángel y Armando estaban muy mal. Recibieron ayuda, pero el tratamiento fue doloroso. Inyecciones, extraer los aguijones uno a uno en una piel inflamada y enrojecida. Afortunadamente, se salvaron. Pero supieron de otras personas que en situación similar, habían perdido la vida. Fueron, a pesar del terrible ataque, muy afortunados en ese ya ahora lejano momento. Ambos ya fallecieron, por causas totalmente ajenas ese incidente.

Recordando eso, me hizo pensar en gente que hiere con su propio aguijón. Como aquel alcohólico que llega ebrio a su casa, descargando su veneno en su esposa y en sus pequeños hijos, aterrorizándolos. Y, además, rechaza toda ayuda de sus compañeros de trabajo, con Alcohólicos Anónimos, que ya ayudó a muchos igual que él. ¿Y que me dice de ese que clava constantemente su aguijón venenoso en las redes? No comenta: solo insulta a todo el que se atreve a pensar diferente o hacer un elogio de un partido que no es el de él. ¿Y del que insulta casi constantemente a su mujer? Clava su aguijón y acaba envenenando su hogar.

Conozco un gerente propietario, que siempre se refería con palabras soeces a sus empleados. Era su forma de reclamar “su falta de cooperación y su incompetencia”. Clavaba su aguijón y envenenaba el ambiente de su propia empresa.Por otro lado, siempre recordaré a un participante del Curso Dale Carnegie de Relaciones Humanas. Me confesó que, por una “diferencia generacional”, se estaba envenenando la relación con su padre.

El curso lo sensibilizó, y, me dijo: ¿Qué puedo hacer? Le sugerí:-Visítelo y dígale: “Perdóname, papá”. Lo hizo. ¿El resultado? Un abrazo de padre e hijo. Adiós veneno.

LO NEGATIVO: Andar inconscientemente, clavando aguijones y envenenando nuestro entorno.

LO POSITIVO: Desarrollar la actitud de total respeto por los demás. Es antídoto a un posible veneno.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias