La crisis del Oriente Medio

Irán, hoy o mañana -porque esa es su voluntad política- tendrá las armas nucleares para nivelar su poderío con Israel, que es un secreto a voces que también las tiene

Nadie quiere un conflicto armado en ninguna parte del mundo, menos en Oriente Medio. El ataque de los Estados Unidos contra Irán -acompañado de Israel- que posiblemente creían los analistas de Washington que provocaría una intensificación del diálogo estancado por las respuestas insatisfactorias de los iraníes; y que significa un retraso o desaceleración del programa nuclear iraní, no ha tenido la respuesta esperada.

La muerte de su líder máximo no ha detenido la embestida de Irán y su determinación, atacando con un volumen balístico inesperado, lo que configura la gravedad de la situación.

Teherán ha atacado bases estadounidenses y a Israel, con una fuerza inesperada, que hace pensar que Estados Unidos no valoró, porque estaban escondidas en las montañas. Esta fuerza es indicativa de una voluntad política y militar iniciada desde la década de los setenta del siglo pasado de tener armas nucleares necesarias que asegurarán su sobrevivencia. Israel considera que esto indica que las usará en su contra. De allí que su oposición sea lógica.

También Israel tiene la voluntad política que, para asegurar su existencia, debe impedir que Irán tenga la bomba atómica con la cual le borrará de la faz de la tierra. La intervención de Estados Unidos en apoyo natural a su aliado principal en la región busca un objetivo imposible. Irán, hoy o mañana -porque esa es su voluntad política- tendrá las armas nucleares para nivelar su poderío con Israel, que es un secreto a voces que también las tiene.

De repente no hay otra alternativa desde una perspectiva realista que buscar la postergación del momento en que Irán tenga poderío nuclear. En la seguridad que cuando los enemigos se nivelen tendrán miedo similar e igualado y no se atacarán. Es decir, la opción cero. Que ha funcionado entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Y aparentemente opera también entre China y Estados Unidos.

Y entre dos potencias menores visceralmente enfrentados: India y Paquistán.La solución militar de Israel y Estados Unidos abre otras frentes. Irán tienen además de fuerza de voluntad, capacidad para resistir y el control del estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo mundial.

A estas horas, Irán tiene vedado el paso, y Estados Unidos, que tiene sus dos portaviones mayores en la zona, arremeterá limpiando el paso. Superado este problema que no significa que la operación del flujo petrolero regresará a sus niveles anteriores al inicio de hostilidades, no aumentará el precio del barril de crudo en los mercados internacionales.

Entonces quedará pendiente el segundo objetivo que Estados Unidos persigue al atacar a Irán: el cambio de régimen. Esta teocracia que gobierna al antiguo imperio persa es algo duro y fuerte.

Tiene dominio sobre la población, y esta, desde el manejo de los conceptos de la vida y la persona humana, tienen una fuerte disposición para sortear el sufrimiento mucho más allá de los indicadores occidentales. Y Estados Unidos, de repente equivocado por el éxito en Venezuela, tendrá que enfrentar el dilema de poner hombres en tierra.

Un régimen como el de los “ayatolas” no se derrota solo con acciones marítimas o áreas. Es necesario ocupar ciudades, dominar poblaciones y ocupar territorios extensos de difícil geografía que para los atacantes supondrá un elevado número de bajas.Aquí, Estados Unidos es frágil. Políticamente débil.

La mayoría de la población no quiere guerras que comprometan la vida de sus jóvenes. Y menos bajo el liderazgo de Trump, que atraviesa horas bajas entre la opinión pública. Cuenta con menos del 31% de opinión favorable. El Senado tendrá que pronunciarse inevitablemente. Las guerras sabemos cómo empiezan, pero ignoramos lo que cuesta terminarlas.

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