Cenizas y excusas

El incendio del mercado Medina dejó al descubierto no solo una tragedia económica para cientos de familias, sino una prueba clave de liderazgo y responsabilidad institucional para la alcaldía de San Pedro Sula.

  • Actualizado: 12 de enero de 2026 a las 23:40 -

El incendio del mercado Medina no fue solo un accidente urbano. Fue una ruptura abrupta en la vida económica de cientos de familias que dependen del comercio diario para sostenerse. Cuando un mercado arde no se queman solo estructuras: se pierden inventarios comprados con sacrificio, se interrumpe el flujo de ingresos y se instala una incertidumbre que golpea directamente la dignidad del trabajo. En contextos así, la ciudad necesita menos ruido y más conciencia. No es momento de disputas ni de narrativas convenientes, sino de responsabilidad institucional. Y precisamente por eso, la forma en que se gestione esta reconstrucción tiene un peso político inevitable para el alcalde Roberto Contreras, no como oportunidad de propaganda, sino como posibilidad real de demostrar liderazgo cuando más se necesita.

La respuesta correcta pasa por actuar con precisión y establecer un proceso de reconstrucción claro, con plazos públicos, presupuesto transparente y supervisión creíble que permita a los comerciantes saber cuándo y cómo volverán a operar; activar mecanismos financieros inmediatos que les devuelvan capital de trabajo -ya sea mediante apoyos directos o créditos blandos- para reponer mercancía y no quedar meses fuera del mercado; eliminar trabas administrativas que solo profundizan el daño, facilitando permisos, exoneraciones temporales y espacios provisionales donde puedan vender mientras se reconstruye; y articular alianzas con empresa privada, banca social y organizaciones de apoyo al emprendimiento para reactivar ventas.

Todo esto representa una oportunidad para empezar a corregir el desgaste de imagen provocado por decisiones erradas y por una percepción pública cada vez más crítica hacia la gestión municipal. No mediante discursos ni gestos simbólicos, sino a través de hechos verificables que demuestren capacidad, seriedad y sentido de responsabilidad. En política, las segundas oportunidades no se anuncian: se construyen.

Y en este caso se medirán con un criterio simple: cuántos puestos volvieron a operar, cuántas familias recuperaron su sustento y si el alcalde estuvo dispuesto a asumir, con hechos y no con palabras, el costo de gobernar bien en un momento adverso para quienes sostienen la economía popular de la ciudad.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias