El baile denominado punta garífuna (banguidi) tiene raíces africanas y caribeñas y forma parte de una tradición cultural ancestral. La lengua, danza y música garífuna fueron reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el 18 de mayo de 2001. Reconoció que existe algo en ella que merece ser conocido y respetado. Se llama así porque los bailarines se mueven apoyándose en la punta de los pies.
La punta no nació como un baile de fiesta, aunque hoy la asociemos inmediatamente con la celebración. Se bailaba especialmente durante los velorios y ceremonias posteriores a la muerte de un adulto. Era una manera cultural de acompañar al fallecido y reafirmar la continuidad de la vida. El término BANGUIDI significa nueva vida.
La punta tradicional garífuna no es exactamente lo mismo que la “punta” comercial hondureña que se popularizó masivamente con Sopa de Caracol, que tomó elementos de la tradición y los llevó a un formato popular y bailable.
En la actualidad ya no es ceremonial. La mayoría de las versiones o exhibiciones contemporáneas han rebajado su significado, la han vulgarizado.
Se volvió espectáculo en televisión, videos comerciales, fiestas y concursos, y se exageró su componente sexual con movimientos pélvicos mucho más explícitos, vestuario provocativo y coreografías alejadas de la expresión tradicional.
Lo cierto es que ahora todo mundo cree que baila punta. Todos se consideran grandes bailadores cuando su “baile” se limita a dar vueltas sobre el mismo eje, con los brazos abiertos y viendo hacia abajo, con la cabeza ladeada. Eso es todo. Pero ellos se consideran los reyes de la pista porque “bailan punta”. Qué patético. Una ceremonia desvirtuada en un baile mal ejecutado. Nada que ver con la cadencia del baile ejecutado por los garífunas.
Presidentes, alcaldes, funcionarios, políticos, presentadores de televisión, “influencers”, personas de todo nivel económico y social: todos buscan la aprobación bailando punta.
Definitivamente, la vulgaridad no es cuestión de estrato social, sino de clase humana. Particularmente, siento molestia cuando veo esos espectáculos porque, lo cierto es que le arrebataron al pueblo garífuna parte de su identidad y lo convirtieron en una moda urbana penosamente ejecutada. Lo profanaron. Así se van perdiendo las raíces culturales de los pueblos. Un baile hermoso, elegante, rítmico, ceremonial, identidad de una etnia, sucumbió ante la frivolidad de las masas y su desprecio por el respeto.
Dejó de ser una expresión natural y se convirtió en una demostración que se ve forzada y hasta ridícula. No tenemos que bailar la punta por obligación. Tampoco demostrar que creemos que sabemos hacerlo. A veces, la elegancia y la prudencia consisten simplemente en saber cuándo quedarse sentado.