Cada 14 de julio se conmemora la defensa de la soberanía nacional en 1969, cuando tropas salvadoreñas incursionaron en Honduras. Con el paso del tiempo por diversas razones, diferentes gobiernos han pretendido olvidarla.
En 1992 la Corte Internacional de Justicia (CIJ) con sede en La Haya, Países Bajos, emitió sentencia en el caso de la Controversia Terrestre, Insular y Marítima, entre El Salvador y Honduras (Nicaragua interviene). Diez años después la CIJ la ratificó.
Reconoció los derechos de Honduras, en las aguas interiores, en la bocana del Golfo de Fonseca y su proyección a las aguas del Pacífico. No se pronunció sobre Conejo porque nunca estuvo en disputa. El Salvador desconoce la sentencia, argumentando que sus aguas se “empalman” con las de Nicaragua. De acuerdo a la sentencia, El Salvador es fronterizo con Honduras por tierra, mar y aire.
En el Mar Caribe, Honduras enfrenta un juicio por Cayos Zapotillos con Belice, y Guatemala interviene. Honduras debe intervenir en el caso Guatemala contra Belice, donde se definirá su frontera insular y marítima con esos países.
Un tratado mal negociado, llamado Bicentenario, que no está vigente, y que nunca debió firmarse, cede derechos de Honduras en el océano Pacífico y pretende desconocer la frontera marítima con Colombia.
Honduras debe defender esa frontera, al tiempo que debe definir la frontera con Jamaica, donde ningún gobierno ha abierto la embajada para iniciar los acercamientos con Kingston.
Es plausible la presencia del presidente y su comitiva en Conejo, pero no es suficiente, se debe ejercer soberanía en todo el espacio físico: aéreo, marítimo y terrestre, especialmente en las zonas fronterizas, y definir la totalidad de las fronteras.
Así se honraría a cada héroe de 1969.