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Las lluvias volvieron a evidenciar las dificultades que enfrenta San Pedro Sula para manejar las aguas pluviales y prevenir inundaciones en sus sectores más vulnerables

  • Actualizado: 06 de octubre de 2026 a las 00:00 -

Treinta minutos de lluvia bastaron para que cientos de sampedranos terminaran sacando agua de sus casas, viendo sus pertenencias flotando y haciendo cuentas para saber cuánto les costará volver a empezar. Pero San Pedro tiene un problema: que no nació el viernes pasado y una tormenta no debería tener el poder de borrar en media hora el esfuerzo de una familia.

La ciudad está al pie de El Merendón, recibe agua de las zonas altas, tiene sectores naturalmente bajos y una infraestructura pluvial que simplemente no ha crecido al mismo ritmo que la ciudad. Hemos construido de forma desordenada más calles, más casas, más edificios, más concreto y más estacionamientos, pero seguimos intentando sacar toda esa agua por una infraestructura que en muchos sectores tiene décadas.

Y sí, también tenemos nuestra cuota de irresponsabilidad. El viernes se encontraron numerosos tragantes obstruidos con basura.

Tiramos bolsas, botellas y desperdicios donde no debemos y después nos preguntamos por qué el agua no encuentra por dónde salir.

Pero tampoco caigamos en la cómoda explicación de que “la gente tira basura” y asunto resuelto. Si una ciudad puede quedar paralizada cada vez que recibe una tormenta fuerte, el problema es bastante más grande que un papel tirado en la calle.

Tampoco todo es culpa del alcalde. Sería absurdo responsabilizar a una sola persona por décadas de crecimiento desordenado, infraestructura vieja, problemas de drenaje, quebradas, ríos y condiciones geográficas que no aparecieron durante la actual administración.

Pero una cosa es no culparlo de todo y otra muy distinta es exonerarlo de lo que sí le corresponde.

El alcalde debe hacer mucho más que reaccionar después de cada inundación, buscar culpables o entrar en la polémica del día. Tiene que mantener los drenajes, atacar los puntos críticos, gestionar obras y, sobre todo, empujar una solución que sobreviva al alcalde de turno.

Porque aquí llueve, se inunda, aparecen los vídeos, se buscan culpables, se promete atender los daños y, cuando baja el agua, también baja la urgencia. Mientras tanto, la gente vuelve a comprar lo que perdió, vuelve a limpiar su casa y vuelve a empezar. Hasta que vuelva a llover.

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