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Desgarrador relato de hondureño al que pandillero le cortó los brazos por no pagar extorsión

  • 09 noviembre 2022 / 09:45 AM /

Orlando huyó a México y ahora busca refugio porque el antisocial le dijo que la próxima vez no lo iba a dejar vivo.

Ciudad de México

Un hondureño identificado como Orlando relató su historia en México en donde se encuentra buscando unas prótesis para los dos brazos que le cortó un pandillero en Honduras “por no pagar extorsión”.

El joven contó su triste historia a Cuartoscuro, una agencia de noticias mexicana. Asegura que la persona que le causó el daño, se dio el lujo de irse caminando tras el hecho.

“Me machetearon por todas partes. El pandillero pensaba que ya me había dejado muerto en el suelo, pero no fue así. Dios hizo un milagro con mi vida y aquí estoy”, contó.

Su historia. Orlando fue deportado de Estados Unidos a Honduras en el 2019. En el país de Norteamérica trabajó reparando calles en Miami.

Tras su regreso al país abrió su propia compañía de construcción que, al menos al inicio, marchaba moderadamente bien, hasta que muy pronto, las pandillas, las ‘maras’ que todo lo vigilan, lo pusieron en la mira y comenzó la pesadilla.

“En mi país, si usted pone un puestecito, de lo que sea, usted tiene que pagar el impuesto a la pandilla. Y a veces ya ellos quieren cobrar más de lo que uno puede ganar”, contó desde la banca de un albergue para migrantes de la frontera sur mexicana, en donde pide que no sea identificado por motivos de seguridad.

Un día se fue a sacar 7 mil lempiras que tenía en un banco para pagar la extorsión. Sin embargo, ya era demasiado tarde: se había retrasado en varios pagos y ese día, a los pocos pasos de salir del banco, en plena calle y a plena luz, un pandillero se le acercó sigilosamente por la espalda y le asestó a traición un primer machetazo seco en la parte de atrás de la cabeza.

“Me dio sin lástima el maldito —dice masticando la palabra “maldito”—. Porque no solo me quitó las manos, sino que también me quitó mi trabajo, mi forma de ganarme la vida, pues”.

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Reconoce que “acostumbrarse a vivir sin manos ha sido muy duro”, aunque en este tiempo se las ha ingeniado para ya no tener que depender de nadie para cuestiones tan básicas como ducharse, comer o ir al baño.

Sin manos y sin brazos, tuvo que cerrar su pequeña empresa de albañilería y comenzó a vender por las calles tortillas y algo de comida junto a su pareja, pero el dinero que entraba a la casa no alcanzaba para lo básico, ni para alimentar a sus tres hijos.

Por si fuera poco, luego de enterarse de que había fallado en su primer intento de matarlo a machetazos, el pandillero volvió a amenazarlo por medio de un mensajero que lo ubicó en la colonia. La próxima vez, mandó a decir el ‘marero’, no habría milagro.