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Oposición nicaragüense con el reto de unirse para romper el dominio de Ortega

Según los analistas, el reto de la oposición será el de no polarizarse ni radicalizarse, sino apostar por la moderación y buscar puntos de encuentro.

Daniel Ortega. EFE/Archivo
Daniel Ortega. EFE/Archivo

Managua, Nicaragua.

La oposición nicaragüense, fracturada desde las elecciones generales de 2006, tiene el reto de unirse en una gran coalición para romper el dominio del presidente del país, el exguerrillero sandinista Daniel Ortega -en el poder desde enero de 2007- de cara a los comicios de 2021.

Las manifestaciones antigubernamentales que estallaron en abril de 2018 y que han dejado cientos de muertos y decenas de miles en el exilio, han logrado juntar a obreros y campesinos con empresarios, a estudiantes con militares y policías retirados disidentes, así como a sandinistas moderados con liberales y conservadores, en un mismo objetivo: sacar del poder a Ortega.

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Hasta ahora la gran incógnita es si los partidos tradicionales, el Liberal Constitucionalista (PLC) y el Conservador (PC), más los emergentes, como Ciudadanos por la Libertad (CxL), juntarán sus fuerzas y pactarán una única casilla para enfrentar al oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

El otro gran desafío es mantenerse cohesionados de cara a esos comicios generales fijados para noviembre de 2021.

Además, lograr una reforma al sistema electoral, preferiblemente negociada con la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA), que permita celebrar unas elecciones libres, creíbles, transparentes y vigiladas.

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El primer paso lo dio la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, que era la contraparte del Gobierno de Ortega en la mesa de negociación con la que se buscaba una salida a la crisis que vive el país y que el mandatario dio por concluida unilateralmente el 30 de julio pasado.

La Alianza Cívica, integrada por empresarios, estudiantes, campesinos, médicos y variopintos movimientos sociales, pero sin personalidad jurídica, ha instado a crear una gran coalición para derrotar a la "dictadura" de Ortega.

Su propuesta es afianzar una unión sólida, cohesionada y duradera en la que quepan aquellos nicaragüenses que desean libertad, justicia, paz y democracia como "condición indispensable para el cambio democrático en Nicaragua", según explicó el coordinador de la Alianza Cívica, el académico Carlos Tünnermann.

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Ante ese escenario, que está comenzando a tomar fuerza, el cálculo de Ortega de cara a las próximas elecciones, será que la oposición, durante ese trayecto, "se fragmente, abrumada por sus pleitos", valoró el analista político Arturo Cruz en un ensayo.

De lo que se trata, es que la oposición, además de fragmentarse, radicalice su discurso, atemorizando a la sociedad económica, y que cualquier reforma en el tema electoral, negociada con la Secretaria General de la OEA, independientemente de su seriedad, sea rechazada por la oposición más vertical, alertó.

La división opositora es uno de los temores internos y de los países que han condenado la represión estatal en Nicaragua, admitió uno de sus dirigentes, Félix Maradiaga.

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"Sospecho que la comunidad internacional no se mueve con mayor celeridad porque precisamente reconoce que los nicaragüenses no nos hemos puesto de acuerdo en una oposición más unificada. Es decir, hay un temor de vacío de poder", razonó.

Para Maradiaga, Ortega ha querido mantener la imagen de que es un dictador que genera orden y estabilidad, y la comunidad internacional no estará dispuesta a apretar con fuerza al régimen si siente que eso generaría un estado fallido y un colapso, con una oposición que no está lista para gobernar.

Los sandinistas, por su lado, aunque cuentan con su aparato coercitivo fortalecido, sufrirán mayor desgaste por el deterioro de la economía, la cual decreció 3,8 % el año pasado y continuará decreciendo este año, y seguramente el próximo, y también en el 2021, que impactará en sus bases, según analistas consultados por Efe.

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Además, es posible que sigan renunciando funcionarios debido a las sanciones individuales que ha impuesto Estados Unidos y Canadá al círculo de poder del mandatario, a sus asociados más cercanos y a sus conglomerados empresariales, y a la que se puede sumar la Unión Europea.

Por tanto, según los analistas, el reto de la oposición será el de no polarizarse ni radicalizarse, sino apostar por la moderación y buscar puntos de encuentro entre sus diferentes fuerzas, y coincidir en el vehículo electoral que los represente en los próximos comicios e intentar romper el dominio de Ortega.