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Por la fe, vendedores de la palma no pierden tradición

Vendedores de adornos de palma comenzaron a instalarse en los alrededores de la catedral más por fe que por ganarse unos lempiras.

Las cruces y ramos, después de la celebración, se deben  guardar ya que, según la tradición popular, protegen de las tempestades e inundaciones.
Las cruces y ramos, después de la celebración, se deben guardar ya que, según la tradición popular, protegen de las tempestades e inundaciones.

San Pedro Sula, Honduras.

Decenas de vendedores de cruces y ramilletes de palma comenzaron a instalarse en los alrededores de la catedral sampedrana y otras iglesias católicas en la víspera del Domingo de Ramos. Llegan todos los años de varias comunidades para ofrecer a los fieles las palmas trabajadas que mañana serán agitadas al paso de Jesús de Nazareth.

La mayoría de vendedores vienen de comarcas asentadas en las faldas de El Merendón, adonde crecen por todos lados las palmeras silvestres que proporcionan sus hojas puntiagudas para elaborar los adornos usados en la salutación al Redentor.

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Los vecinos de estas comunidades buscan las matas de coyol para no tener que escalar árboles altos, sobre todo de corozo que son los más abundantes en las faldas de la cordillera, atrás de la Escuela Internacional Sampedrana.

El ajetreo comienza a media semana cuando hombres, niños y algunas mujeres escalan las laderas para cortar las palmas, eludiendo las espinas que tienen los troncos y a veces serpientes.

El árbol de coyol es más espinoso, pero tiene la ventaja de que las hojas duran hasta ocho días después de cortadas si se meten en agua, mientras que las de corozo se marchitan rápidamente, dijo Cristina Barrientos, vecina de la comunidad de Peña Blanca.Por eso tienen que cortarla un día antes del Domingo de Ramos para que la palma esté firme y dócil y así hacerle los dobleces al antojo de la artesana. Los niños participan cortando las hojas o amarrando las cruces ya elaboradas.

Algunos palmeros como Geovany Rodríguez comenzaron con esto desde niños cuando no había buses; el recorrido era a pie hasta llegar a la iglesia. Incluso cruzaban el río Santa Ana que en aquellos tiempos era más hondo.

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Geovany Rodríguez y su compañera Cristina Barrientos se dedican a esta actividad. Las palmas comienzan a ser cortadas desde el jueves. Después de elaborar los arreglos, los artesanos madrugan el sábado para llevarlos a la catedral.