La postal caribeña de arena blanca y mar turquesa cambió de forma repentina este fin de semana en varias playas de Roatán, particularmente en la zona de West Bay, donde turistas nacionales y extranjeros encontraron la orilla cubierta por grandes cantidades de sargazo. La situación impidió el ingreso al mar y generó dudas, molestias y preocupación entre visitantes y residentes.
Aunque para muchos fue una sorpresa, especialistas explican que se trata de un fenómeno natural que siempre ha existido en el Caribe, pero que en los últimos años se ha intensificado debido a diversos factores ambientales y a la influencia indirecta de la actividad humana.
El sargazo es un tipo de alga marina parda flotante que se desarrolla principalmente en mar abierto. Posee pequeñas vesículas llenas de gas que le permiten mantenerse en la superficie del agua. En condiciones normales, cumple una función ecológica importante, ya que sirve de refugio y hábitat para diversas especies marinas.
“Hay fenómenos que son completamente naturales y el sargazo es uno de ellos; siempre ha existido, aunque actualmente nosotros como humanos hemos acelerado algunas condiciones, sobre todo por la contaminación y el aporte de nutrientes como fósforo y nitrógeno”, explicó Arles García, biólogo residente en Roatán.
De acuerdo con el especialista, en mar abierto el sargazo no representa ningún problema ambiental; por el contrario, forma parte del equilibrio del ecosistema. Sin embargo, la situación cambia cuando grandes cantidades son arrastradas hacia zonas costeras y bahías cerradas, como ocurre actualmente en algunas playas de la isla.
“Estas algas se encuentran naturalmente en mar abierto, pero factores como los vientos, las corrientes marinas y los frentes fríos alteran su dinámica y las empujan hacia la costa; la semana pasada incluso se registró un frente frío que influyó en este desplazamiento”, detalló García.
El biólogo explicó que existen más de 350 especies de algas, pero solo dos tipos de sargazo tienen la capacidad de flotar y desplazarse grandes distancias, lo que facilita su llegada masiva a las playas cuando se combinan condiciones favorables en el océano.
“En medio del mar no causan ningún impacto negativo; al contrario, el sargazo es un alga que sirve de refugio para muchos animales, por eso no es correcta la idea de que sea algo malo en sí mismo”, señaló.
El principal problema surge cuando el sargazo se acumula en la orilla y entra en un proceso de descomposición, especialmente en zonas costeras con poco intercambio de agua. Esto genera compuestos sulfurosos y nitrogenados responsables del fuerte olor que perciben residentes y turistas.
“Cuando llega a la costa y se deposita en grandes cantidades, el alga empieza a morir y produce compuestos que generan un olor bastante fuerte; eso resulta molesto tanto para el turismo como para las comunidades que viven cerca del mar”, explicó García.
En los últimos años, el fenómeno se ha intensificado debido al aumento global de nutrientes en el océano, especialmente los que provienen de grandes ríos como el Amazonas. Esto ha dado origen a lo que los científicos denominan la franja del sargazo, una extensa acumulación que se desplaza por el Atlántico hacia el Caribe.
“Antes solo se hablaba del mar de los sargazos, pero ahora se habla de una franja enorme alimentada por nutrientes que llegan al océano; si las condiciones de viento se mantienen, estos arribos seguirán siendo cada vez más frecuentes”, advirtió el biólogo.
García recordó que, aunque Roatán ha recibido sargazo en años anteriores, la cantidad registrada en esta ocasión resulta inusual para zonas altamente turísticas como West Bay y West End, donde normalmente el problema se manejaba con limpiezas matutinas realizadas por hoteles y comercios.
“Siempre ha llegado algo de sargazo, pero no en cantidades tan grandes; antes bastaba con limpiarlo temprano y el resto del día la playa se mantenía normal, ahora la acumulación ha sido mucho más fuerte”, afirmó.
El especialista subrayó que el impacto del sargazo en Roatán es principalmente estético y turístico, ya que muchos visitantes esperan encontrar playas limpias y sin olores intensos. No obstante, aclaró que también pueden presentarse reacciones alérgicas leves al contacto con el alga en descomposición.
Finalmente, enfatizó que el reto para Honduras y para Roatán es aprender a coexistir con el fenómeno, desarrollar estrategias sostenibles de manejo y comprender que no se trata de una situación provocada localmente, sino de un problema global asociado al cambio climático y a la actividad humana a gran escala.
“No se puede evitar que llegue porque es parte de la naturaleza; lo que toca es buscar alternativas, aprender a manejarlo y permitir que las actividades económicas no se vean tan afectadas”, concluyó.
Mientras tanto, personal de hoteles, comercios turísticos y la Alcaldía de Roatán mantiene jornadas constantes de limpieza en las playas afectadas, retirando el sargazo acumulado para mejorar el acceso al mar y reducir el impacto en los visitantes y las comunidades que dependen del turismo en la isla.