San Pedro Sula, Honduras.
“No se preocupe, doña Tala, esto es como un viaje de placer, se van conociendo lugares muy bonitos y nos quedamos en buenos hoteles”, le dijo el coyote a la madre de Ovidio Guzmán, intentando controlar las lágrimas de la adolorida mujer, quien ya presentía la tortura que sufriría su hijo en aquella travesía.
No se imaginaba Ovidio todas las penalidades que estaban esperándolo en el camino para “devorarlo” como a muchos otros hondureños que van de “mojados” a Estados Unidos apostando su futuro en la “ruleta de la muerte”.
Llevaba en sus espaldas una mochila cargada de sueños y esperanzas que en el camino se fueron transformando en pesadillas indescriptibles, las cuales lo hicieron llorar muchas veces mientras pensaba en su madre y los hijos que había dejado en San Pedro Sula.
Lo positivo de todo esto es que aquellos golpes dados por el destino que él mismo se había labrado despertaron en el joven soñador un aletargado espíritu de escritor que le permitió plasmar en un libro toda la horrible odisea. En “El diario de un mojado”, que está por publicar, Ovidio Guzmán relata con un estilo sencillo, pero cargado de emotividad y a veces de sarcasmo toda la cadena de sinsabores que se fueron sucediendo en la “ruta de la muerte”.
Ya lo tiene en plantilla con su correspondiente portada y un prólogo del caricaturista Allan Macdonald, pero no lo ha editado porque necesita el apoyo de un patrocinador, según dijo.
Cuando por fin llegó a Dallas, Texas, y logró estabilizar su vida, el hondureño decidió escribir el libro a pura memoria, ya que hasta los apuntes que hizo en el camino cuando las circunstancias se lo permitían se los llevó el río Bravo. No fue fácil pasar de “mojado” a escritor, pues tenía que alquilar una computadora en el centro de Dallas para ir redactando sus notas en el tiempo que su trabajo se lo permitía.
No se olvida el novel escritor que estando en el país del norte, si bien logró obtener su ciudadanía y un buen trabajo, sufrió otros golpes que le dio la vida, como el deceso de su madre, un hijo y otros familiares en Honduras. “Historias de mojados hay muchas, pero esta es la mía y es distinta a cualquiera otra; hay gente que sufre y otra que no”, comentó Guzmán en plática desde Dallas con LA PRENSA.
A pesar de los 21 años que ha vivido en Estados Unidos dice que no ha perdido ni siquiera el acento hondureño. “Cuando voy a mi país tomo agua de la llave y como frijoles parados, sigo siendo tan catracho como antes, no se me ha pegado lo de gringo”, a pesar de que está casado con una estadounidense.
En Honduras había tenido la oportunidad de convertirse en un futbolista profesional, puesto que estuvo practicando con el equipo Marathón. También escalar como diagramador profesi0nal, pero todo lo dejó por emprender la aventura que casi le cuesta la vida.
Su sueño ahora es volver a vivir en Honduras, de donde nunca salió su corazón.
“No se preocupe, doña Tala, esto es como un viaje de placer, se van conociendo lugares muy bonitos y nos quedamos en buenos hoteles”, le dijo el coyote a la madre de Ovidio Guzmán, intentando controlar las lágrimas de la adolorida mujer, quien ya presentía la tortura que sufriría su hijo en aquella travesía.
No se imaginaba Ovidio todas las penalidades que estaban esperándolo en el camino para “devorarlo” como a muchos otros hondureños que van de “mojados” a Estados Unidos apostando su futuro en la “ruleta de la muerte”.
| La línea férrea del tren y el fatídico desierto conducen dolorosamente hacia la liberación de la pobreza que a veces nunca se encuentra, según la portada del libro.
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Lo positivo de todo esto es que aquellos golpes dados por el destino que él mismo se había labrado despertaron en el joven soñador un aletargado espíritu de escritor que le permitió plasmar en un libro toda la horrible odisea. En “El diario de un mojado”, que está por publicar, Ovidio Guzmán relata con un estilo sencillo, pero cargado de emotividad y a veces de sarcasmo toda la cadena de sinsabores que se fueron sucediendo en la “ruta de la muerte”.
Ya lo tiene en plantilla con su correspondiente portada y un prólogo del caricaturista Allan Macdonald, pero no lo ha editado porque necesita el apoyo de un patrocinador, según dijo.
| Ovidio Guzmán se reúne con sus hijos José Ovidio y María Alejandra cuando visita Honduras.
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No se olvida el novel escritor que estando en el país del norte, si bien logró obtener su ciudadanía y un buen trabajo, sufrió otros golpes que le dio la vida, como el deceso de su madre, un hijo y otros familiares en Honduras. “Historias de mojados hay muchas, pero esta es la mía y es distinta a cualquiera otra; hay gente que sufre y otra que no”, comentó Guzmán en plática desde Dallas con LA PRENSA.
A pesar de los 21 años que ha vivido en Estados Unidos dice que no ha perdido ni siquiera el acento hondureño. “Cuando voy a mi país tomo agua de la llave y como frijoles parados, sigo siendo tan catracho como antes, no se me ha pegado lo de gringo”, a pesar de que está casado con una estadounidense.
En Honduras había tenido la oportunidad de convertirse en un futbolista profesional, puesto que estuvo practicando con el equipo Marathón. También escalar como diagramador profesi0nal, pero todo lo dejó por emprender la aventura que casi le cuesta la vida.
Su sueño ahora es volver a vivir en Honduras, de donde nunca salió su corazón.
| En sus años de juventud jugó en varios equipos de la Liga Mayor Sampedrana de Fútbol.
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