A pesar de la lluvia que comenzó a caer alrededor de las 3:00 de la tarde del Jueves Santo, los artistas que elaboran las tradicionales no detuvieron su labor. Cada calle se convirtió en un lienzo de colores y devoción, donde familias enteras trabajaban para mantener viva una tradición centenaria.
La Semana Santa en Comayagua atrae a cientos de turistas nacionales e internacionales que llegan para admirar la creatividad y el arte que se reflejan en cada diseño.
Bajo la lluvia, el esfuerzo de los feligreses se volvió aún más notable: sacos de aserrín, moldes de cartón y manos manchadas de colores enfrentaban el agua para que las obras no se destruyeran.
“Las alfombras no son solo colores sobre el suelo, son historias que contamos con cada figura, horas de trabajo y actos de fe que se reflejan en cada detalle”, explicó un participante mientras cubría cuidadosamente su diseño.
Las alfombras desaparecen al paso de la procesión, pero ese es precisamente el encanto. La lluvia no detuvo a nadie; la fe y la pasión por la tradición superaron cualquier obstáculo meteorológico.
En Comayagua, las alfombras de Semana Santa no solo se ven, se viven. Cada trazo, cada color y cada instante compartido en la elaboración se convierte en un acto de dedicación y espiritualidad.