Mientras los equipos de búsqueda y rescate continúan trabajando entre los escombros que dejó el terremoto de magnitud 7.4, en escala de Richter, que sacudió Colombia el lunes, el país comienza también la compleja tarea de evaluar qué estructuras pueden seguir siendo utilizadas y cuáles quedaron comprometidas por la fuerza del sismo.
En medio de ese escenario se encuentra el ingeniero civil de origen colombiano, Rafael Camilo Gutiérrez, profesor de Florida International University (FIU), quien se encontraba de visita en el país cuando ocurrió el terremoto y ha seguido de cerca sus efectos.
El experto conversó con el equipo de LA PRENSA, previo a una reunión de coordinación con ingenieros que se han ofrecido como voluntarios para apoyar los trabajos en las zonas afectadas, señalando que la experiencia que atraviesa su nación también deja importantes lecciones para otros países de la región, como Honduras.
Prevención y mantenimiento de estructuras
Gutiérrez, quien se solidarizó con las familias que han perdido a sus seres queridos o sus bienes, indicó que es imposible predecir el momento en que ocurrirá un terremoto, pero sí existen acciones que pueden realizarse con anticipación para reducir sus consecuencias.
Entre ellas, mencionó la importancia de revisar las condiciones de los edificios antiguos, dar mantenimiento periódico a los puentes y otras obras públicas, reforzar estructuras vulnerables y mantener una vigilancia más constante sobre los procesos de construcción.
“Lo más importante es actuar ahora”, expresó el especialista, al señalar que una de las primeras tareas debería ser identificar aquellas edificaciones que no fueron construidas bajo criterios sismorresistentes o que, debido a los años que llevan en funcionamiento, necesitan una nueva evaluación de sus condiciones.
Uno de los aspectos que más preocupa, explicó, es el deterioro que pueden experimentar las estructuras con el paso del tiempo, especialmente cuando no reciben mantenimiento o nunca han sido sometidas a una revisión que permita determinar si necesitan algún tipo de reforzamiento.
Esa atención agregó, no debería limitarse a viviendas o edificios privados. Puentes, túneles, carreteras y otras obras públicas también requieren inspecciones que tomen en cuenta factores como el tipo de construcción, los materiales utilizados, las condiciones del suelo y el desgaste acumulado durante los años de servicio.
Gutiérrez considera que las inspecciones de este tipo de infraestructura deben realizarse anualmente, mientras que los mantenimientos pueden programarse en períodos de entre tres y cinco años, aunque aclaró que la frecuencia dependerá de las características y condiciones particulares de cada obra.
El ingeniero apuntó que uno de los desafíos en los países de Latinoamérica es que el mantenimiento de las estructuras existentes suele recibir menos atención que la construcción de nuevas obras.
“Hay muchos gobiernos que prefieren hacer obras nuevas, inaugurar puentes y túneles; dan más imagen política, pero dejan de lado y no se preocupan por el mantenimiento de las estructuras que se construyeron hace años, que también son vitales y son generalmente las que más tienden a sufrir daño cuando se presenta un sismo”, dijo.
Riesgo sísmico en Honduras
Gutiérrez enfatizó que lo ocurrido en Colombia también vuelve la mirada hacia Centroamérica, una región que no está exenta de este tipo de amenazas, ya que en la zona no solo convergen fallas geológicas, sino también volcanes y accidentes geográficos de gran magnitud.
Por ello, considera necesario que las instituciones públicas, los profesionales de la construcción y los propietarios de inmuebles mantengan la prevención como una tarea permanente y no únicamente cuando un sismo vuelve a poner el tema sobre la mesa.
En ese sentido, opinó que Honduras debe ser más rigurosa tanto en la aprobación de permisos como en la supervisión. A su criterio, no basta con autorizar los diseños, sino que debe existir un seguimiento durante la ejecución de las obras para comprobar que se respeten los planos, las dimensiones, los materiales establecidos y que los trabajos estén a cargo de profesionales con la preparación necesaria.
Otro punto que considera importante es la actualización de los códigos de construcción. “Debe haber un compromiso por parte de los ingenieros para actualizar los códigos de construcción de su país. En Colombia, la última actualización de la norma sismorresistente NSR-10, fue en 2010. Ya ha pasado mucho tiempo", manifestó.
"En mi opinión, estas normas deberían ser extendibles máximo cinco u ocho años. Cuando se deja pasar mucho tiempo se genera más riesgo, porque las condiciones geológicas cambian, puede haber variaciones considerables en el clima, se desarrollan nuevos materiales, técnicas o conocimientos que deben ser tomados en cuenta", añadió.
Su planteamiento coincide con el proceso que actualmente impulsa el Colegio de Ingenieros Civiles de Honduras (CICH), para actualizar el Código Hondureño de la Construcción, vigente desde 2008 y cuyo componente sísmico parte de criterios revisados años atrás.
¿Qué revisar en una vivienda o edificio después de un sismo?
Acerca de qué hacer después de un movimiento sísmico para comprobar que es seguro regresar a una vivienda o edificio, dijo que lo primero es observar las columnas, vigas y losas, debido a que forman parte de la estructura que soporta la edificación.
La presencia de grietas, desprendimientos o daños en estos puntos puede requerir una evaluación especializada antes de volver a ocupar el inmueble. También recomendó prestar atención al tipo y dirección de las grietas, principalmente cuando aparecen de forma diagonal o afectan elementos estructurales.
Aclaró que no todas las fisuras tienen la misma gravedad, pues algunas pueden presentarse en paredes o elementos que no forman parte del soporte principal del inmueble y que debe ser un profesional quien determine el nivel de daño.
Junto con las revisiones estructurales, el ingeniero destacó la importancia de que las familias y las autoridades locales tengan planes de respuesta establecidos sobre qué hacer durante y después de una emergencia como esta.
Simulacros, rutas de evacuación y disponer de elementos básicos, como agua, baterías y alimentos enlatados pueden formar parte de esa preparación, especialmente durante las primeras horas posteriores a un evento sísmico.
Gutiérrez también expresó que lo ocurrido en Venezuela y Colombia debe de ser un llamado de acción tanto para los gobiernos, como los colegios profesionales, las instituciones encargadas de la respuesta ante emergencias, el sector privado y la ciudadanía en general, no para crear temor o alarma, sino para estar mejor preparados.
La comisión de ingenieros colombianos que se ofrecieron como voluntarios, de la que forma parte Gutiérrez, prevé desplazarse a Cali en los próximos días para colaborar en la inspección de estructuras.