Comprender el comportamiento infantil es uno de los mayores retos para padres y cuidadores, especialmente en una etapa en la que los niños están descubriendo el mundo y aprendiendo a gestionar sus emociones.
La psicóloga María Fernanda Alvarado explica que muchas de las conductas que los adultos consideran difíciles forman parte natural del desarrollo.
Durante una entrevista, la especialista destacó la importancia de informarse y entender cómo funciona el cerebro infantil para poder acompañar adecuadamente este proceso.
La experta señaló que la psicoeducación es fundamental para las familias que buscan comprender mejor a sus hijos. “Muchas gracias por abrir estos espacios para que podamos psicoeducar un poco y comprender cómo funciona el cerebro infantil, porque cuando los adultos entendemos cómo se desarrolla la mente de los niños es mucho más fácil acompañarlos con empatía y paciencia en cada etapa de su crecimiento”, comentó.
Desarrollo del cerebro infantil
Uno de los aspectos más importantes del desarrollo en la infancia es la enorme plasticidad del cerebro. Según explicó la psicóloga, esta característica permite que el sistema nervioso se adapte y cambie en función de los estímulos que recibe durante los primeros años de vida.
“El sistema nervioso tiene la capacidad de adaptarse y cambiar su estructura y su funcionamiento con base en los estímulos que recibe, por eso no podemos decir que el cerebro de un niño sea un cerebro adulto en miniatura, sino que es un cerebro que todavía está en pleno proceso de desarrollo”, detalló.
La psicóloga añadió que muchas habilidades que los adultos dan por sentado todavía no están completamente formadas en los niños pequeños.
“Hay muchas capacidades que aún no se han desarrollado porque el cerebro está en formación, y comprender esto nos ayuda a ajustar nuestras expectativas como adultos, evitando exigir comportamientos que todavía no corresponden a su etapa de desarrollo”, explicó.
Control de impulsos.
Uno de los temas que más preocupa a los padres es el control de los impulsos en los niños. Al respecto, Alvarado explicó que esta habilidad está relacionada con el desarrollo de la corteza prefrontal del cerebro, una zona que madura con el paso del tiempo.
“Muchas veces pensamos que el niño no quiere controlarse, cuando en realidad todavía no puede hacerlo porque su anatomía no está lista para ello, de la misma forma en que no podemos esperar que un bebé de pocos meses camine si su cuerpo aún no está preparado”, afirmó.
En ese sentido, la especialista aclaró que el control emocional y de impulsos se desarrolla progresivamente. “No podemos establecer un momento exacto en el que un niño aprende a controlar sus impulsos, porque cada etapa del desarrollo trae nuevos aprendizajes y cada niño avanza a su propio ritmo, aunque con el tiempo estas conductas tienden a disminuir a medida que maduran”, indicó.
Diferencias entre hermanos y temperamentos.
Muchas familias se sorprenden al notar que sus hijos tienen personalidades completamente diferentes, incluso cuando crecen en el mismo hogar.
Para la psicóloga, esto se debe a diversos factores. “Uno de los elementos más importantes es el temperamento innato; es decir, ciertas características que las personas ya traen consigo desde su nacimiento y que forman parte de su manera natural de ser”, explicó.
Además del temperamento, también influyen la crianza y el entorno social. “Aunque dos niños sean criados por los mismos padres, el hecho de ser el hijo mayor, el menor o el del medio puede generar experiencias distintas, y a eso se suman los amigos, la escuela y otros factores del ambiente que también influyen en su comportamiento”, señaló.
Responsabilidad de los padres
La presencia emocional de los padres es otro elemento clave para el desarrollo saludable de los niños. Según Alvarado, no basta con estar físicamente presentes, sino que también es necesario validar las emociones de los hijos y generar un vínculo seguro.
“Cuando los niños se sienten seguros en casa y perciben que sus padres están emocionalmente disponibles, se fortalecen muchas conexiones neuronales que favorecen su autoestima y su capacidad de regulación emocional”, explicó.
Por el contrario, un entorno cargado de estrés o críticas constantes puede tener efectos negativos en el desarrollo emocional. “Si un niño crece en un ambiente donde predominan las críticas o la falta de apoyo emocional, es muy probable que eso afecte su autoestima y su forma de relacionarse con los demás”, advirtió la especialista.