SAN PEDRO SULA. La adolescencia es una etapa que atraviesa todo ser humano y, aparte de los cambios físicos, puede estar llena de cambios emocionales, inseguridades y momentos de tristeza, pero no todo debe atribuirse a la edad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años vive con algún trastorno mental, mientras que la depresión y la ansiedad se encuentran entre las principales causas de enfermedad y discapacidad en estos años.
Esto significa que aprender a reconocer las señales y saber cómo pedir ayuda puede ser una herramienta importante entre amigos.
Para una mejor comprensión, la psicóloga Elba Trejo de la Clínica Experiencia Humana explica que la adolescencia es una etapa de transición del desarrollo que marca el paso de la infancia a la edad adulta. Entre los 10 y 12 años se activa la pubertad, existen cambios cognitivos y conductuales intensos o inestables.
“La búsqueda de la identidad personal se activa, los amigos o el circulo social ocupa mucho peso, las emociones empiezan a ser fluctuantes, experimentan gran intensidad emocional y cambios de humor debido a los factores hormonales y las presiones sociales”, asegura la experta.
Señales de alerta
Una de las principales diferencias entre una tristeza pasajera y una posible depresión está en la duración, intensidad y repercusión en la vida cotidiana.
La OMS explica que un episodio depresivo implica un estado de ánimo deprimido o pérdida del interés y placer durante períodos prolongados; generalmente, los síntomas están presentes la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas.
En los adolescentes puede aparecer como tristeza, pero también como irritabilidad, aislamiento, cansancio, dificultad para concentrarse, cambios en el sueño o apetito, sentimientos de culpa, desesperanza o pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban.
Ejemplo: “Cambios en el sueño, dormir mucho o muy poco, búsqueda de conductas de riesgo, mucha fiesta, aislamientos de sus padres, alcohol, expresiones como ‘nada tiene sentido’ o ‘sería mejor no estar aquí’, son conductas anormales y afectan la vida cotidiana”, advierte Trejo.
Apoyo y confianza
Los adolescentes suelen compartir con sus amistades experiencias que quizá todavía no cuentan a sus padres u otros adultos. Sin embargo, tener una o dos señales no significa automáticamente que exista depresión: solo un profesional de la salud puede realizar el diagnóstico.
Por eso, la función del amigo no es poner una etiqueta, sino acercarse, escuchar y ayudar a conectar con alguien que pueda evaluar la situación.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) resume el acompañamiento entre amigos en tres acciones: observar, escuchar y conectar.
Los adultos deben conversar con los adolescentes y enseñarles cómo identificar este tipo de situaciones en sus compañeros de clase, primos u otros jóvenes allegados.
Para empezar, el adolescente puede escuchar sin burlarse, interrumpir ni minimizar lo que su amigo siente. Frases como “estoy aquí contigo”, “gracias por contármelo” o “podemos buscar ayuda juntos” pueden ser más útiles que decir “anímate” o “todos pasamos por eso”.
Eso sí, es importante saber que un adolescente no debe cargar solo con el sufrimiento de su amigo ni prometer guardar en secreto algo que pueda ponerlo en peligro.
Causas de depresión y riesgos de no atenderla
La OMS explica que no existe una única causa, la depresión surge de una interacción compleja entre factores sociales, psicológicos y biológicos.
Entre las situaciones que pueden aumentar la vulnerabilidad se encuentran las pérdidas importantes, experiencias traumáticas, violencia, abuso, acoso escolar, conflictos familiares, exclusión social, presión de los compañeros, problemas económicos y otras circunstancias adversas.
Ejemplo: una ruptura amorosa por sí sola no significa que alguien tenga depresión, pero si después de ella un adolescente permanece durante semanas aislado, pierde interés por todo y deja de funcionar normalmente en la escuela y en casa, es importante buscar orientación profesional.
Trejo señala la falta de apoyo en un adolescente depresivo puede aumentar el riesgo de que los problemas se mantengan y afecten distintas áreas de la vida. Incluso afectar su adultez.
“Puede desarrollar baja autoestima, consumo de sustancias toxicas, pobres habilidades sociales y terminar en aislamiento o desarrollando ansiedad. Pensamientos o conductas suicidas, miedo profundo a ser rechazado y desarrollar trastornos de personalidad”, afirma.
Ayuda profesional
Pedir ayuda no significa ser débil ni estar “loco”. De hecho, uno de los obstáculos para recibir atención es el estigma y esto puede afectar su disposición a buscar ayuda.
Por eso, un amigo puede acompañar sin juzgar: caminar juntos hasta hablar con un orientador escolar, ayudar a explicar lo que está sucediendo a un padre o tutor o simplemente permanecer cerca durante el proceso.
Lo ideal es que un psicólogo evalúe al adolescente para iniciar una terapia personalizada. En este aspecto, existen varios tipos de tratamientos que se pueden ofrecer. La experta en salud mental indica que se inicia con una evaluación hecha por un profesional.
“Es importante que no sean familiares o amigos muy cercanos, no hay que autodiagnosticar. Luego el paciente debe entrar a un tratamiento con psiquiatra (si es conveniente) y psicoterapia. Mi enfoque es la terapia cognitivo-conductual (TCC): ayuda a identificar y modificar pensamientos, emociones y el comportamiento que mantiene la depresión”, explica Trejo.
Asimismo, reitera que la familia desempeña un rol importante en todo el proceso: “deben aprender a reconocer los síntomas y estímulos, mejorar la comunicación, acompañar al adolescente y ser un espacio de escucha atenta y segura. También hay cosas que ayudan, pero no sustituyen el tratamiento. Ejemplo sostener horarios de sueño regulares, actividad física y alimentación adecuada”, aconseja.