En 2015, América Latina enfrentó su quinto año de desaceleración continua, la cual llevó a la economía a terreno negativo después del espectacular repunte posrecesión del 2010.
La evidencia muestra que la región sufre una debilidad crónica y no coyuntural, lo cual requiere de soluciones estructurales.
El uso y abuso de prolongadas políticas expansivas han probado ser no solo poco efectivas sino incluso generadoras de distorsiones.
Para poder salir del ciclo desaceleratorio-recesivo, la región necesita regresar a la disciplina y profundizar los cambios estructurales. 2016 se vislumbra como otro año de bajo crecimiento, aunque con una economía en terreno positivo.
La expansión monetaria global, que siguió a la recesión del 2009, permitió a los gobiernos latinoamericanos prolongar sus políticas expansivas, en donde el dinero barato y abundante generaba incentivos para posponer los cambios estructurales y ajustes necesarios en la región.
“La consecuente falta de reformas produjo un proceso de desinversión en América Latina, siendo la causa más importante de la anemia de crecimiento latinoamericano”, dijo Alfredo Coutiño, director de Moody’s Analytics para la región.
Centroamérica adelanta
En general, la región entera estará en modo de normalización fiscal y monetaria. Con excepción de Brasil y Colombia, cuyas condiciones monetarias ya se encuentran en terreno restrictivo, el resto de la región se estará moviendo hacia la neutralidad.
Así, en el 2015, la región se vio arrastrada por severas recesiones en Venezuela y Brasil, convirtiendo al Cono Sur en la región con peor desempeño. América Central emergió como el nuevo líder del crecimiento, gracias al avance de la recuperación estadounidense y al renovado empuje de la economía panameña.
La inflación volvió a ser una llamada de atención en la región, sobre todo en Argentina, Brasil y Venezuela donde alcanzó tasas de dos y tres dígitos respectivamente.
“Como lo habíamos anticipado, las monedas latinoamericanas empezaron a sufrir los embates del final de la era del dinero fácil.
A pesar de que todas las monedas fueron severamente golpeadas, algunas todavía presentan mayor vulnerabilidad dado que sus bancos centrales han retrasado el proceso de normalización monetaria, como en el caso de Chile, México y Perú”, explican los expertos de la entidad, Juan Fuentes, Jesse Rogers y Robin Banergi.
Mediocre avance en 2016
Las perspectivas para la región en el 2016 no se ven prometedoras, ya que el crecimiento se situará en el rango de 0 a 0.5%. Brasil y Venezuela reportarán nuevamente contracción, aunque más moderada en el primer país y más profunda en el segundo.
América Central continuará en la delantera, con Panamá a la cabeza. México, Chile y Uruguay avanzarán moderadamente hacia su tasa potencial, mientras que Colombia y Perú podrían ligeramente superar el 3% en el año.
En general, la región entera estará en modo de normalización fiscal y monetaria. Con excepción de Brasil y Colombia, cuyas condiciones monetarias ya se encuentran en terreno restrictivo, el resto de la región se estará moviendo hacia la neutralidad.
Aquellos países ya embarcados en proceso de reformas presentarán crecimientos más estables, aunque todavía bajos como son los casos de Chile, Colombia, México y Perú, siempre teniendo en la delantera al ya tradicional Panamá.
Brasil y Argentina estarán bajo procesos de ajuste, desregulación y apertura, lo cual tendrá un costo en el crecimiento de corto plazo.
Las inflaciones se mantendrán por encima de sus objetivos, incluso en México donde la baja inflación del 2015 quedará solo como un hecho fortuito.
Las fuertes depreciaciones cambiarias estarán detrás de las altas inflaciones en la región, así como las realineaciones de precios privados que se pospusieron en el 2015.
La flexibilidad fiscal estará ausente no solo por el bajo crecimiento y los menores ingresos por exportaciones primarias, sino también por la necesidad de una mayor prudencia fiscal ante el aceleramiento mostrado por los desequilibrios y el endeudamiento público.