26/04/2026
09:07 AM

Antártida: Una iglesia en el fin del mundo

  • Actualizado: 18 marzo 2015 /

La iglesia ortodoxa Santa Trinidad fue construida en Rusia, desmantelada y transportada, madera por madera, hasta la Antártida.

Isla de Rey Jorge, Antártida.

Un pequeño y precario edificio grisáceo revestido de tablillas sobresale en una rocosa colina. Desde ahí, se tiene la mejor vista de las casas de quienes han hecho de este helado continente su hogar. Es la iglesia ortodoxa Santa Trinidad, construida en Rusia, desmantelada y transportada, madera por madera, hasta la Antártida.

Han pasado más de 10 años y aún huele al cedro siberiano con el que está hecha, el que mejor soporta las heladas temperaturas. Para protegerla de los vientos, fue atada a la montaña con cadenas.

'La armaron como si estuviera hecha de piezas de Lego', recuerda Alejo Contreras, un explorador chileno que observó su reconstrucción y consagración, en 2004.

Foto: La Prensa

Sacerdotes rusos se turnan para vivir en la iglesia durante un año. Su misión es oficiar misa para los trabajadores de la estación rusa de Bellinghausen, donde viven entre 15 y 30 personas, según la época del año.

Ahora es el turno de Sophrony Kirilov. Tiene 38 años y lleva aquí cuatro; espera regresar a Rusia en abril próximo. Mientras, jala con bríos las sogas de las campanas, llamando a todo aquel que quiera orar; los turistas y el personal de las estaciones internacionales dejan en la entrada sus botas, embarradas de lodo y nieve.

Las puertas del templo están abiertas a todos los habitantes de esta isla, que presume dos nombres: los británicos y chilenos le llaman Rey Jorge; los argentinos, 25 de Mayo. Se calcula que 100 personas la habitan durante el invierno, cuando las temperaturas llegan a 25 grados bajo cero; en verano, aún frío, hay 500.

Algunos rezan en silencio, de pie o arrodillados, ya que no hay bancos en el interior; otros se maravillan del iconostasio, la pared de íconos que separa el santuario con sus paneles dorados de santos barbudos y ángeles alados pintados en vivos colores.

'En el mundo no hay tranquilidad y silencio. Pero aquí es lo suficientemente silencioso'', señala Sophrony Kirilov, que en el chaleco, sobre su sotana, lleva cosidas imágenes de pingüinos y focas, los cuales representan sus años oficiando misa en el Polo Sur. 'Aquí puedes rezarle a Dios en paz. Sí puedes hacerlo en cualquier lado, pero aquí es algo especial'.

Foto: La Prensa