Omoa, Cortés
“En las noches los ratos que duerme se despierta creyendo que está en el mar y grita queriendo alcanzar a su niño”, expresó Mérida Banegas al relatar el sufrimiento que está pasando su hija desde que el pequeño Carlos Daniel (7) se ahogara al caer de una lancha en la que iban con la esperanza de llegar de forma ilegal a Estados Unidos.
Karen Suyapa Aguilar, madre de Carlos Daniel, pasó toda la mañana de ayer recostada en el ataúd del pequeño que fue repatriado desde México por una funeraria junto con la pequeña Jenifer Ninet Gavarrete López (11), otra de los tres menores que perecieron en ese trágico viaje.
| Trágico viaje
1- 17 de julio, las dos madres emprendieron el viaje con el fin de llegar de forma ilegal a Estados Unidos. 2- 20 de julio se ahogaron dos niños hondureños y un salvadoreño en las aguas del Pacífico sur de México.
3- 29 los cuerpos son repatriados y llevados a las comunidades adonde sus madres los esperaban. |
Carlos Daniel salió con su madre y otro hermano desde El Porvenir, San Manuel, con un coyote al que le pagaron para que los llevara a Estados Unidos, y la misma decisión tomó Olga Marina López, quien con su hija Jenifer Ninet empredieron el viaje desde la comunidad de San Carlos, Omoa.
Aunque las madres aseguran no haberse visto desde que salieron de Honduras el 17 de julio, se encontraron en el camino y tomaron una lancha en las playas del Pacífico sur de México donde los coyotes las pasarían por el mar para evadir puestos de control.
En la lancha viajaban cuatro menores, tres de ellos hondureños y un salvadoreño que iba con su padre. Al llegar al mar y haber recorrido por lo menos unos cinco minutos, una ola levantó la pequeña embarcación y lograron caer en la misma, pero después otra ola les dio vuelta, según los relatos de las madres que sobrevivieron. Karen Suyapa solo pudo rescatar a su hijo mayor, pero perdió a Carlos Daniel; mientras que Olga Marina López vio cómo su hija Jenifer Ninet se ahogaba. La tragedia del 20 de julio ahora es recordada con dolor por las madres de los pequeños que dicen que no volverán a hacer ese recorrido.
En la comunidad de San Carlos, Omoa, Cosme Gavarrete recuerda que su hija le decía: “No vayas a llorar porque me voy, papi”, y eso le da fuerzas al tiempo que dice que su pequeña era una hija de Dios y se fue siendo un ángel. “No es fácil lo que estamos pasando, pero Dios sabe lo que hace”, expresó el padre, quien afirma que le ofreció muchas cosas a su exesposa para que no tomara ese camino, pero no la culpa por haberse ido con su hija.
Las dos familias que se encontraron en la ruta ilegal y se unieron por el dolor darán sepultura hoy a sus pequeños en cementerios de sus comunidades, pues los cuerpos ya tienen 11 días desde que sucedió la tragedia.
Karen Suyapa, madre del pequeño Carlos Daniel, recibió en El Porvenir, San Manuel, el cuerpo de su hijo en el ataúd y lloró desconsolada mientras compañeros de clases consolaban a otro hermano que sobrevivió.
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En San Carlos, Omoa, anoche hicieron un culto de alabanzas, como le gustaba a la pequeña Jenifer Ninet, quien se ahogó en la travesía que emprendió su madre con la idea de darle una vida mejor.
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