Desgracia y devoción son las circunstancias que marcan la tragedia vial entre una rastra y un bus ocurrida en Quimistán, Santa Bárbara, donde murieron el pasado Domingo de Resurrección al menos nueve personas.
Los cuerpos de las víctimas fueron retirados este lunes de la morgue forense de San Pedro Sula por sus familiares y trasladados a Tegucigalpa, donde residían.
El brutal choque, según las averiguaciones policiales, fue provocado porque la rastra, cargada de cianuro, no venía a la velocidad reglamentaria al bajar la Cuesta de Los Limones en la Carretera CA-4, rumbo al occidente de Honduras.
Según las autoridades, producto de que el vehículo pesado no logró salir de la curva, a causa de la alta velocidad, invadió el carril por donde circulaba el autobús rumbo a Tegucigalpa, quitándole el derecho de vía. Tras el impacto, la rastra cayó encima de la unidad de transporte, causando la tragedia.
Al momento del accidente se vivieron escenas desgarradoras. Siete de las 15 personas que viajaban en el bus pedían auxilio al quedar atrapadas en el amasijo de hierro, mientras clamaban: “¡Que la sangre de Cristo nos cubra!”.
Víctimas del accidente
Una de las familias más afectadas es la del motorista del bus, Javier Deras, de 46 años, quien murió en el acto tras el encontronazo, porque la rastra impactó de frente con la unidad de transporte.
En el lugar del accidente también pereció su esposa, Yarely Rodríguez, quien viajaba en un asiento cercano al de Javier. La madre de Javier, quien respondía al nombre de Francisca Zelaya, de 78 años, fue trasladada herida, junto a otras seis personas, al hospital Mario Rivas de San Pedro Sula, pero murió de un infarto minutos después de ser ingresada, tras enterarse de que su hijo y su nuera habían muerto.
Javier era un transportista de vena, pues sus padres fueron los primeros que incursionaron en el rubro del transporte, al encargarse del traslado de alumnos de escuelas y colegios. Javier y sus hermanos siguieron los pasos de sus progenitores en ese sector al ofrecer el servicio en forma privada.
Los parientes de doña Francisca dijeron que era una mujer católica muy devota y, por su fervor religioso, siempre acostumbraba a realizar dos viajes al año a Esquipulas, Guatemala; ella también solía viajar a Antigua Guatemala.
Contrario a lo que trascendió inicialmente, los familiares aclararon que no se trataba de una excursión, sino que era un viaje entre familia y vecinos de la colonia Torocagua de Tegucigalpa, pues a doña Francisca siempre le gustaba llevar a sus vecinos católicos a los viajes.
La reciente Semana Santa, el grupo viajó a Esquipulas y a Antigua Guatemala, justo de donde regresaban el domingo cuando sucedió la desgracia.
Los familiares de Javier y doña Francisca manifestaron que, antes de llegar a la cuesta, la unidad pesada ya reportaba problemas porque, según les informaron, varios carros la esquivaron al quitarles el derecho de vía.
Las otras seis víctimas mortales respondían a los nombres de María Cupertina Ortiz (61), Mirna Álvarez (63), Orestila Castellanos (64), Lidia Abelina Cubas (37), Elena Cubas (58) y Ever Fajardo. Este último era el conductor de la rastra.
Los familiares de doña María Cupertina, quien era modista, dijeron que era la primera vez que ella viajaba a Guatemala, pues no era una mujer de salir demasiado, a excepción de actividades con su familia.
En el viaje a Antigua Guatemala, doña Cupertina fue víctima de la delincuencia: le robaron dinero y sus documentos, junto a otra de sus compañeras de viaje. Por este hecho, el motorista no viajó por la frontera de El Salvador, porque sin los documentos difícilmente iban a pasar, así que optaron por salir de Guatemala por el lado de Ocotepeque, debido a que en su aduana les permitirían el ingreso.
Doña María Cupertina, indicaron sus parientes, venía en los asientos de en medio del bus cuando salieron de Antigua Guatemala, pero minutos antes de que se diera el choque se pasó a una de las sillas delanteras, donde se dio el mayor impacto de la rastra.
300
kilogramos
de cianuero se derramaron tras el choque vial en la Carretera CA-4
Otra de las familias afectadas es la de Elena Cubas y Lidia Abelina Cubas, madre e hija; ellas residían en Comayagua. Un hijo de Lidia Abelina Cubas resultó herido en el accidente y está interno en el hospital Mario Rivas.
Los parientes de Lidia informaron que era ingeniera industrial y catedrática universitaria.
En tanto, otra de las víctimas, Orestila Castellanos, era una empleada jubilada que por más de 33 años trabajó en una maquila, revelaron sus familiares.
Doña Mirna Álvarez era dueña de una pulpería, expresaron sus parientes, en la colonia Torocagua de Tegucigalpa.
Descartan contaminación por cianuro
Los cuerpos de las víctimas fueron retirados este lunes por sus familiares de la morgue forense. A las 2:00 de la tarde fueron entregados seis de las víctimas y, en el transcurso del resto del día, fueron retirados los demás cadáveres.
Descartan contaminación. Las autoridades forenses informaron que se comprobó que los cuerpos no se contaminaron con cianuro, como inicialmente se presumió, por lo que sus parientes podrán velarlos y enterrarlos normalmente con los ritos que profesen.
Sobre los siete heridos que ingresaron al hospital Mario Rivas, el doctor Edgardo Iraheta, jefe de Emergencia, informó que uno falleció y dos fueron referidos al Seguro Social. Con respecto a los cuatro pacientes que permanecían internos en ese centro asistencial, dos son adultos y los otros dos pediátricos.
Los pacientes presentan politraumatismo, a nivel de cráneo, fracturas de huesos mayores y trauma torácico cerrado, detalló el galeno, quien informó que el estado de salud de los cuatro ingresados es estable y se encuentran bajo vigilancia.
Iraheta manifestó que, en cuanto al posible contacto de los heridos con cianuro, se tomaron las medidas respectivas en caso de presentarse algunas complicaciones respiratorias, cardiacas y neurológicas.