A las 7:34 de la mañana ya es una proeza ingresar a San Pedro Sula, estoy atrapado en lo que parece ser un infinito océano de vehículos que hacen fila, casi inamovibles, en la zona del peaje este. Vengo por el bulevar que viene de La Lima y tengo una misión: llegar lo antes posible hasta el edificio de Diario LA PRENSA y luego comenzar un recorrido por la ciudad.
Dos autos enfrente apenas se han rozado, pero eso es suficiente para que los propietarios de los carros no quieran moverlos y “contribuyan” a que el tráfico parezca estar congelado en los dos carriles de la autopista.
Mientras espero para avanzar unos pocos metros más, me doy cuenta que el disco de música que escucho ya reproduce nuevamente la primera canción, lo que significa que ya sonaron todas las melodías del álbum y yo sigo atascado casi en el mismo lugar.
A estas alturas la desesperación ya es mi acompañante, y casi comprendo, aunque no justifico, a los conductores que rebasan la fila en sus autos subiéndose a la acera.
Pasan los minutos, ya son las 7:52 y aún no llego a Megaplaza. No puedo evitar hacer cálculos y pensar que desde el peaje hasta ahí tardaría menos de cinco minutos en llegar con el camino abierto. Al fin llego a ese punto y tengo la sensación de volver a respirar, giro a la derecha para evadir el atascamiento de la primera calle, dirigiéndome hacia la 7 calle norte, para subir hasta la tercera avenida y luego girar a la izquierda, para llegar a mi destino. Ya son las 8:29 y aunque fue un tedioso recorrido, sé que otros días es mucho peor.
Siento un alivio que pronto terminará, pues ahora apenas empiezo el recorrido por las calles del centro de la ciudad, cuyo parque vehicular supera los 400 mil carros. El auto avanza tan despacio, que su movimiento es casi imperceptible por la tercera avenida, ya frente al parque y la catedral; pero al fin llega a la cuarta calle suroeste, adonde recogemos a unos compañeros periodistas que salen de hacer su labor en la Primera Estación de la Policía ubicada en la 9 calle del barrio Lempira.
La siguiente tarea es ir por el fotógrafo que está esperándonos en las oficinas de la Enee (Empresa Nacional de Energía Eléctrica) en el sector de La Puerta, contiguo a la Suazo Córdova.Pero antes, aprovechando
la cercanía, pido bajar unas calles en el carro para que uno de los reporteros gráficos tome unas fotos del mal estado de las arterias viales. El lugar parece un laberinto y pasar entre los puestos ambulantes y las personas, que se han adueñado de buena parte de la calle, sin golpearlos es una prueba de precisión extremadamente exigente. Tras el atasco de la primera avenida llegamos a la primera calle, y ya vamos para la Enee, que está cerca del peaje sur.
Por momentos da la sensación de que no hay una sola calle o una hora en la que se pueda desplazar de manera rápida en San Pedro Sula. Por si fuera poco, es imposible continuar avanzando aunque la luz del semáforo está en verde, pues frente a la fila hay un par de buses “atravesados”, a quienes poco parece importarles el estruendo que provocan todas las bocinas que a la vez hacen sonar los conductores irritados porque no pueden pasar.
Haciendo un zigzag, para evitar en cierta medida el congestionamiento llegamos a la estatal de energía y vamos de regreso para el diario. Entre fotos tomadas, cortas esperas, tráfico, semáforos, calles en mal estado y el peligro que representan los conductores abusivos, me doy cuenta que ya es casi mediodía. Me tomo un tiempo para el almuerzo y reportear algunos asuntos pendientes.
A las 3:58 de la tarde cuando vuelvo a salir a las calles voy a la 105 Brigada de Infantería, adonde unos periodistas esperan para regresar a la oficina.
Luego de ir a traerlos y pasar dejándolos por LA PRENSA, nos dirigimos de nuevo al peaje que está en la carretera que lleva hacia La Lima, para experimentar el regreso que hacen las personas que vienen desde aquella zona a trabajar a San Pedro Sula.
Son las 5:13 de la tarde, bajamos obligadamente lento por la primera calle, el tráfico es sofocante. Al fin dejamos atrás el puente a desnivel que está casi frente a Megaplaza, pero inmediatamente ya considero que estoy atrapado en un verdadero infierno vehicular. La fila que llega hasta el peaje es gigante.
Fue hasta las 6:10 tarde que pasé el peaje y al fin encontré la vía más despejada.
Un respiro hace que pase el estrés que no suelo vivir a diario y que sí padecen miles de sampedranos y pobladores vecinos que son parte de la economía local al venir a trabajar a la capital industrial.
Ver más noticias sobre Honduras