Salió de Radio Conga con un fatal presentimiento. Después de más de 42 años de lanzar sus verdades al aire, don Virginio Andrade acababa de cerrar el último programa de su vida cuando dijo a sus compañeros de trabajo “muchachos, me siento mal”. Poco después su corazón dejó de latir.
Las generación de sampedranos de no muchos años atrás lo recuerdan como un periodista radial de carácter fuerte que, desde su programa “Sonriendo y Comentando” fustigaba a todos aquellos que se salían de la línea recta del buen comportamiento, ya fueran funcionarios o miembros de la sociedad civil.
A pasos pausados paseaba su espigada figura por las calles de San Pedro Sula, ocultando su mirada con unos finos anteojos oscuros, cuando se dirigía a laborar a diferentes radioemisoras de la capital industrial, entre ellas Radio Norte.
Su estilo periodístico consistía en conversar con los oyentes, a veces durante tres horas consecutivas durante las cuales denunciaba las atrocidades que se cometen contra la población, con su voz grave y enojona.
Sus programas batían en audiencia, no solo en San Pedro Sula, sino también en los campos bananeros, en Islas de la Bahía y hasta en países como Belice.
En sus primeros años como comunicador, por su postura franca y la forma directa de decir sus verdades, se granjeó la animadversión de autoridades públicas y militares en el poder, a causa de lo cual se vio obligado a exiliarse en Nicaragua y El Salvador.
Como ciudadano ligado con el pueblo, incursionó en la política dentro del movimiento liberal del doctor Carlos Roberto Reina, gracias a lo cual llegó a convertirse en regidor municipal.
Solía hacer uso de su privilegiada memoria para rescatar hechos históricos ocurridos en la ciudad como la célebre masacre de la tercera avenida contra una manifestación de liberales, en 1944 cuando él tenía diez años.