En una modesta vivienda de la colonia Sandoval Sorto de San Pedro Sula, el sonido del oxígeno acompañando cada respiración forma parte de la rutina de Denis Omar Cruz, quien a sus 36 años, depende de un cilindro para seguir con vida.
Desde hace tres años, una fibrosis pulmonar lo dejó dependiente de oxígeno las 24 horas, por lo que hoy su mayor anhelo es reunir el dinero para comprar un concentrador de aire que le permita respirar de manera continua sin tener que recurrir a las constantes recargas.
La vida de Denis ha estado marcada por la enfermedad. Tenía apenas ocho años cuando comenzó con síntomas como inflamación, retención de líquidos y fuertes dolores de cabeza que no lo dejaban concentrarse en la escuela. En más de una ocasión, los maestros tuvieron que enviarlo de vuelta a casa porque su presión arterial se elevaba a niveles alarmantes.
Con el paso del tiempo, los estudios revelaron que uno de sus riñones estaba completamente dañado y el otro apenas funcionaba a la mitad. A partir de ese momento comenzó un tratamiento médico que buscaba prolongar la vida del órgano que aún resistía.
Durante algunos años logró mantenerse estable gracias a los medicamentos y controles médicos. Sin embargo, siendo aún muy joven no siempre seguía el tratamiento con la regularidad que requería. Con el paso del tiempo su condición fue empeorando.
Las recaídas comenzaron a ser más frecuentes. Denis pasaba semanas entrando y saliendo del hospital Mario Catarino Rivas, hasta que finalmente, cuando tenía 16 años, los médicos confirmaron que debía iniciar diálisis para poder sobrevivir.
Con los años aprendió a convivir con la diálisis y con las limitaciones que la enfermedad presenta, pero hace tres años su salud volvió a deteriorarse. Problemas con su tratamiento provocaron una acumulación de toxinas en su cuerpo, lo que lo llevó a caer en coma.
Cuando despertó, su vida había cambiado nuevamente. Aquella crisis dejó secuelas en sus pulmones y le provocó una fibrosis pulmonar que lo obligó a depender de oxígeno de forma permanente.
Desde entonces, cada día representa un nuevo desafío. El oxígeno que utiliza proviene de un cilindro. El costo de cada recarga ronda los L750 y, generalmente solo le alcanza para un día. Además, utiliza un tanque pequeño para poder trasladarse a sus sesiones de diálisis o moverse dentro de la casa.
Sostener ese gasto diario se ha vuelto cada vez más difícil para su familia. Su madre, Suyapa, lo ha acompañado en esta lucha desde que era un niño y es quien hoy hace todo lo posible para que su hijo continúe con vida. Madre soltera, se gana la vida lavando ropa y realizando pequeños oficios mientras cuida de Denis.
“Es muy doloroso para una madre ver a un hijo así, pero le doy gracias a Dios porque todavía lo tengo conmigo”, dice con la esperanza de que alguien pueda tenderles una mano.
La ayuda que necesitan es un concentrador de oxígeno, un equipo que funciona con electricidad y algunos modelos cuentan con batería recargable, lo que permitiría suministrarle oxígeno sin depender de cilindros. El aparato tiene un costo aproximado de L32,000, una suma que para la familia resulta imposible reunir.
A pesar de las dificultades, Denis mantiene una motivación que lo impulsa a seguir luchando: su hija de 14 años. Sueño es "verla crecer y convertirse en una mujer preparada".
“Ese es mi anhelo, verla grande”, dijo notablemente conmovido. Quienes deseen apoyarlo pueden comunicarse con su madre, Suyapa, al número 9389-2674. Para Denis, la solidaridad de los hondureños podría significar algo tan sencillo, pero tan vital, como poder respirar.