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Reconstrucción, la salvación económica de Guanaja

Guanaja, que ha dependido de la agricultura, turismo y pesca, recibirá una dosis económica con la reconstrucción, que generará empleos.

Guanaja, Islas de la Bahía.

Los habitantes de Guanaja, quienes en su mayoría (60%) tienen menos de 40 años, abrigan las esperanzas de que la reconstrucción del cayo Bonacca se convertirá en una fuente masiva de empleo para aliviar económicamente a la isla.

A raíz de las restricciones impuestas por el Gobierno el año anterior para contener el covid-19, Guanaja experimentó una depresión económica y este año, cuando comenzaba a recuperarse, el incendio arrasó una gran parte del comercio y el patrimonio de más de 200 familias.

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Los bonaqueños, principalmente, califican de “urgente” la reconstrucción del cayo para “recuperar la vida”, restaurar los escasos empleos y atraer inversión de tierra firma para que ofrezca “otros tipos de trabajo que no hay en la isla”.

José Morales (de 41 años), originario de Jutiapa, Atlántida, y residente en la isla mayor de Guanaja, advierte que “ahorita, gracias a las donaciones, es fácil para los damnificados, pero después “podría haber grandes problemas sociales porque no hay empleo”.

Morales, que tiene 23 años de vivir en este municipio, se dedica todos los días a transportar en un troco la mercadería que desembarca en el muelle municipal. Desde este punto la traslada hasta cada una de las pulperías y las tiendas que lo contratan para prestar ese servicio.

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“Aquí no hay trabajo. Yo me dedico a jalar productos en este troco, es uno de los pocos trabajos que hay. Yo soy operador de máquinas. Trabajé aquí cuatro años con una empresa de unos gringos, pero ellos se fueron”, dijo Morales cuando empujaba su troco cargado de cajas de sopas instantáneas, cloro y manteca vegetal.

Morales, a diferencia de la mayoría de habitantes del municipio, es dueño de una lancha que utiliza para viajar desde la isla mayor hasta Bonacca.

En este cayo, los residentes utilizan el taxi acuático (lanchas) para trasladarse a los otros islotes cercanos o al aeropuerto Harry Hunter.

Por ser excesivamente angostas, por las calles no pueden circular automóviles, bicicletas, motocicletas u otros medios de transporte que demandan un mayor espacio y que podrían propiciar otras plazas laborales. Morales, por vivir fuera del cayo, si tiene una cuatrimoto “porque allá sí hay carretera”.

De los cuatro hijos de Morales, uno trabaja en el Hotel Dumbar Rock, uno de los más famosos del municipio, incluso, visitado por artistas de Hollywood.

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Además de este establecimiento, está el Guanaja Beach Resort, Graham´s Place, el hostal Sea Dream Inn, también hay negocios de comida, entre ellos, Mi Casa Too, Manatee, Han´s Pizza and Wine.

A excepción de los hoteles Miller y Rosario, todos los negocios del turismo están fuera del cayo, incluidos los restaurantes. Estos establecimientos no logran absorber la masa de habitantes jóvenes desempleados radicados en cualquiera de las cuatro aldeas y la cabecera municipal.

“Con el incendio desaparecieron muchas fuentes de empleo. Se quemaron pulperías, bares y pequeños restaurantes. Negocios de turismo no hay grandes aquí en el cayo. Restaurantes no hay, solo pequeños negocios.

Yo todos los días me dedico a hacer baleadas y comida”, dijo Liliam Edith Martínez, mientras le preparaba varias cenas a algunos empleados de instituciones públicas que han llegado para atender la emergencia derivada del incendio.

Martínez, quien tiene cinco años de vender baleadas en el cayo, es desde el día del incendio dueña de una pequeña cocina cerca del muelle municipal. Atiende a los trabajadores que llegan en los barcos y en lanchas cargadas con ayuda humanitaria o productos para comerciar en la comunidad.“

Aquí pagó L3,000 de alquiler. Yo tenía el negocio en la zona donde se incendió. Logré sacar mis cosas a tiempo y las traje. Aquí vivo y vendo comida”, dijo. Los hijos de ella, los varones, le ayudan a amasar la harina y a colocarle los frijoles, el queso y la mantequilla a las tortillas.

En este municipio, que en el año 1900 tenía unos 740 habitantes, actualmente registra una población aproximada de 6,000 personas. Alrededor del 54% cuenta con nivel educativo básico, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). La otra mitad no cursó la primaria completa, unos pocos tienen títulos de educación media y superior.

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“Nosotros esperamos que cuando comiencen a construir las casas que se quemaron habrá más empleos. Esperamos más trabajos porque el desempleo es uno de los grandes problemas que siempre hemos tenido aquí”, dijo Martínez.

En medio de la tragedia, las autoridades municipales están optimistas. La reconstrucción, independientemente de cuáles sean las fuentes económicas, dicen, arrancará por tarde a partir de enero de 2022.

“Esto, de algún modo, beneficiará económicamente al municipio porque habrá fuentes de empleo”, dijo Mireya Guillén, vicealcaldesa de Guanaja.

“La Municipalidad sufrió un golpe fuerte en sus ingresos porque varios de los negocios estaban en la zona perjudicada. En el cayo, por los momentos, hay damnificados que se contrataron para que trabajen en la limpieza. Nosotros, con las limitaciones que tenemos, ofrecemos trabajo para que las familias tengan una fuente de ingresos y la economía de la isla se mantenga de pie”, dijo.

En la última década, según cifras del INE, cerca del 25% de la población se dedica a actividades agrícolas, ganadería, silvicultura y pesca, el 11% al comercio, 9% al negocio del alojamiento, 5% al transporte y la restante a labores de enseñanza, suministro de agua, energía y administración pública.

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“Ahorita hay un nuevo trabajo, recoger los desechos que dejó el incendio. A mí no me pagan por venir a recoger estas láminas y hierro. Yo lo recojo y lo llevó en la lancha al otro lado, después hay que transportarlo a tierra firme. Yo gano por la venta, no por el trabajo”, dijo Tano Medina, un hombre mayor de 50 años que trabaja en la limpieza.

Jóvenes entrevistados por Diario LA PRENSA que cursaron estudios secundarios y superiores en tierra firme piensan que el cayo necesita que los empresarios hondureños abran negocios para mejorar las condiciones económicas.“

Después del colegio, me mandaron a La Ceiba. Estudié refrigeración. No fui a la universidad por no tener dinero. Pienso que sería importante que hubiera inversión de tierra firme para tener nuevos empleos”, dijo Natanael Wood (de 21).

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