"No sabíamos qué tenía": el silencioso avance de la ansiedad en los niños

Una rabieta, miedo o preocupación propia de la edad puede esconder ansiedad. Si los síntomas son frecuentes y afectan su vida cotidiana, el niño necesita ser escuchado y evaluado, dicen expertos

No sabíamos qué tenía: el silencioso avance de la ansiedad en los niños
  • Actualizado: 24 de agosto de 2026 a las 00:00 /
Tegucigalpa, Honduras.

A Diego, de 10 años, le empezó a doler el estómago antes de ir a la escuela.

Al principio, su madre pensó que se trataba de un malestar pasajero; después creyó que quizá había comido algo que le había hecho daño, pero los dolores comenzaron a repetirse, especialmente los domingos por la noche y los lunes por la mañana.

También empezó a preguntar varias veces lo mismo. "Me decía que si iba a recogerlo a la escuela que a qué hora iba a regresar, que si iba a estar en casa cuando él volviera y que qué pasaba si llegaba tarde a la escuela", contó su madre, doña Gabriela Flores.

“No sabíamos que tenía, yo pensaba que era miedo de ir a la escuela y después pensamos que quería llamar la atención, porque usted ya sabe los niños como son, pero después entendí que había algo más, no era normal esas cosas en él”, agregó la mujer.

Fue entonces cuando la familia decidió buscar ayuda psicológica y la evaluación permitió ponerle nombre a lo que estaba ocurriendo, pues los dolores de estómago, las preguntas constantes y el temor a quedarse solo no eran hechos aislados, sino distintas formas en las que la ansiedad estaba afectando al menor.

Y ese fue el punto en el que su familia comprendió que, en los niños, la ansiedad no siempre se presenta con una frase como “tengo miedo” o “me siento preocupado”.

A veces aparece en el cuerpo, en el comportamiento o en cambios que los adultos pueden interpretar como simples caprichos o etapas propias de la edad.

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Señales

Fanny Ordoñez, psicóloga clínica, explicó a LA PRENSA Premium que la ansiedad se ha convertido en uno de los motivos de consulta más frecuentes entre los niños de 4 a 12 años.

La especialista explicó que la ansiedad es una respuesta normal ante situaciones desconocidas, el miedo o el peligro. Sin embargo, puede convertirse en un problema cuando alcanza una intensidad que interfiere con la vida diaria.

“Algunos niños lo manifiestan por medio de miedos excesivos, cambios de conducta, rabietas o molestias físicas sin causas médicas”, expresó.

Entre las señales físicas más frecuentes mencionó los dolores recurrentes de estómago o de cabeza, la sudoración, la tensión muscular y las dificultades para conciliar el sueño.

A estas se suman manifestaciones emocionales como las preocupaciones constantes, el llanto frecuente, la irritabilidad y los episodios de enojo que pueden parecer desproporcionados frente a situaciones cotidianas.

Pero también hay cambios en la conducta que pueden alertar a los padres.

“En la conducta también, evitan ir a la escuela, tienen apego excesivo a los padres o cuidadores (conocida por ansiedad por separación) y también dificultad para concentrarse en las clases”, señaló.

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Algunos de estos comportamientos estuvieron presentes en Diego. Su temor a quedarse solo, las preguntas constantes sobre los horarios de su madre y los dolores de estómago antes de ir a la escuela eran señales que, al principio, su familia no relacionó entre sí.

La psicóloga también identificó otros tipos de ansiedad que pueden afectar a los menores, entre ellos las fobias específicas, caracterizadas por miedos intensos hacia situaciones u objetos concretos, como animales, tormentas, oscuridad o visitas al médico.

También está la ansiedad generalizada, que se manifiesta mediante una preocupación excesiva por diferentes aspectos de la vida cotidiana, y la ansiedad social, relacionada con un temor intenso a ser juzgado, ridiculizado o rechazado por otras personas.

Por otro lado, sentir preocupación antes de un examen, un partido, una presentación escolar o un acontecimiento importante no significa necesariamente que un niño tenga un trastorno de ansiedad.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés) señala que es natural que niños y adolescentes experimenten preocupación o ansiedad ante situaciones como los exámenes, las amistades o hablar en público.

El problema aparece, como dijo Ordoñez, cuando esa preocupación persiste y comienza a afectar la vida diaria.

“La ansiedad se convierte en un problema cuando la preocupación continúa y causa dificultades en la vida diaria”, menciona la organización.

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Cifras

Las cifras disponibles muestran que la salud mental infantil no es un asunto menor.

A nivel mundial, uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años presenta alguna condición de salud mental, según estimaciones difundidas por UNICEF y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Entre este grupo, los trastornos de ansiedad y depresión representan alrededor del 40% de los trastornos mentales.

La OPS también advierte que el 50% de los trastornos mentales comienza antes de los 14 años y que en las Américas la brecha de tratamiento en salud mental supera el 65%.

En Honduras, la información disponible también apunta a una problemática que requiere mayor atención.

Datos de la Secretaría de Salud obtenidos anteriormente por LA PRENSA mediante solicitud de información registraron 596 menores de 14 años con trastornos mentales en los hospitales públicos durante 2023.

En lo que iba de 2024 ya se contabilizaban otros 261 menores. Francisco Morazán concentraba 56 casos y Cortés 37, mientras El Paraíso ocupaba el tercer lugar, con 20.

Estos registros, sin embargo, no deben interpretarse como una medición de la totalidad de los niños con ansiedad en Honduras. Se trata de casos registrados en los servicios públicos y, por tanto, pueden quedar fuera los menores que nunca llegan a consulta, quienes son atendidos en el sector privado o aquellos cuyos síntomas no son identificados.

Ese subregistro es particularmente relevante en salud mental infantil porque, como ocurrió inicialmente con Diego, algunos síntomas pueden confundirse con problemas físicos, mal comportamiento o preocupaciones propias de la edad.

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Factores

Para el psicólogo y fundador de Stainless Orghn, Ernesto Gálvez Pineda, la ansiedad infantil también debe analizarse dentro del contexto en el que vive cada niño.

La familia, la escuela y otros espacios de convivencia pueden influir en su estado emocional, por lo que no basta con observar únicamente el síntoma. También es necesario preguntarse qué está ocurriendo alrededor del menor.

Entre los factores que identifica están la sobreestimulación, la exposición constante a dispositivos electrónicos y la falta de atención a las necesidades emocionales de los niños.

Pero esto también requiere una distinción, ya que no toda exposición a la tecnología provoca ansiedad ni todo niño que utiliza un teléfono desarrolla un trastorno.

Los expertos sugieren analizar el uso de dispositivos dentro de un contexto más amplio, junto con el sueño, las relaciones familiares, la actividad física, la escuela y otros factores.

La OPS, de hecho, ha planteado que los entornos digitales no deben entenderse simplemente como una amenaza, sino como espacios que requieren regulación y un uso basado en evidencia.

El especialista considera que cuando los padres están demasiado ocupados o distraídos con sus propios problemas, pueden pasar por alto señales que el niño intenta comunicar mediante su comportamiento.

“Los padres se estresan por ver a un niño estresado, se estresan por ver a un niño ansioso y lo único que hacen es como echarle más leña al fuego”, expresó.

“Los padres tienen que estar tranquilos, por eso la salud mental de los padres es prioridad para tratar en la ansiedad infantil. Un padre estresado, un padre ansioso, no va a ayudar porque no tiene un ojo clínico, no tiene un ojo sensible para ver las necesidades del hijo y de repente renunciar a sus propios problemas por un momento”, agregó.

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Ayuda

Ante las múltiples señales, Ordoñez recomendó que los adultos escuchen al niño con calma y validen lo que está sintiendo, sin reforzar sus temores. También aconseja evitar la sobreprotección y acompañarlos de manera gradual para que puedan enfrentarse a aquello que les genera miedo.

"Los padres pueden ayudar también dando el ejemplo, demostrando con sus propias situaciones de vida el dominio del estrés", señaló.

Cuando la ansiedad comienza a afectar la rutina diaria, la especialista considera necesario buscar orientación profesional.

Mientras tanto, existen algunas estrategias que pueden ayudar a los menores a regular lo que sienten, como la respiración profunda, la actividad física, dibujar aquello que les preocupa, practicar visualizaciones positivas o conversar con sus padres y maestros.

Ordoñez también recomendó técnicas como el “abrazo mariposa” (cruzar los brazos sobre el pecho y dar pequeños golpecitos alternados sobre los hombros para ayudar a reducir la tensión) y el “semáforo” (detenerse ante una emoción intensa, identificar lo que se siente, respirar y pensar antes de actuar), herramientas que pueden utilizarse para ayudar al niño a reconocer y manejar sus emociones.

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Karol Pavón
Karol Pavón
karol.pavon@laprensa.hn

Periodista de investigación con experiencia en temas de alto impacto. Máster en Márketing Estratégico, formación en análisis de datos, verificación, SEO y estrategias digitales.