Covid-19 hunde a más de 300,000 hondureños en la miseria

Al finalizar el año, el porcentaje de personas en pobreza extrema pasará de 18.7% a 22.2%, según la Cepal.

Las restricciones impuestas por el Gobierno para evitar la expansión de la pandemia paralizó la economía y en consecuencia afectó los ingresos diarios de los hondureños.
Las restricciones impuestas por el Gobierno para evitar la expansión de la pandemia paralizó la economía y en consecuencia afectó los ingresos diarios de los hondureños. /

San Pedro Sula, Honduras.

Desde que el Gobierno de Honduras anunció el toque de queda a mediados de marzo, Doris Madrid y todos los miembros de su familia (“nueve por todo”) han estado librando realmente una batalla por la sobrevivencia que, inclusive, los ha llevado a disputarse con otros habitantes de la aldea “los pocos garrobos que quedan en el cerro”.

Cuando cazan uno de estos reptiles endémicos, Madrid y la familia dan gracias a Dios porque pueden contar con carne para comer dos días, por lo menos “para los más grandes”, pues a los niños les da “agua de masa porque no hay dinero para comprar leche Ceteco”.

Madrid, quien es consciente de su realidad, dice que hasta principios de año ella era una mujer “pobre, pero luchadora”, ahora, siente que ha caído en la miseria por no tener ni tan solo “un lempira para comprar una tortilla”; la emergencia nacional le pulverizó la única fuente de ingresos.

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Durante varios años, hasta las primeras dos semanas de marzo, Madrid colocaba en la acera del Servicio de Administración de Rentas (SAR) una pequeña mesa y sobre ella una fotocopiadora con la cual ganaba dinero para sufragar los gastos de la casa.

Desafortunadamente, “desde marzo que el Gobierno cerró todo, estamos aguantando hambre. No puedo trabajar porque el SAR está cerrado y nadie quiere copias. Con ese trabajo, yo he criado a mis hijos y también a mis nietos. Hoy tuve que ir a conseguir leña para vender, pero nadie compra, la gente tampoco tiene dinero. Estamos comiendo solo una vez al día con la ayuda que nos dan algunas personas”, dice Madrid, suplicando que “todo vuelva a la normalidad”.

Para esta mujer, de 38 años, que como millones de hondureños han vivido con lo que consiguen durante el día, en la medida que pasa el tiempo la presión económica se torna mucho más asfixiante. A esta altura, debe 10,000 lempiras por cuatro meses de alquiler de una pieza en una cuartería en Aldea El Carmen, también la luz y el agua.

La semana pasada, el dueño de la cuartería desalojó a dos de sus hijas, Fernanda (15) y Nicole (20), de otra pieza por no tener dinero para el alquiler. Ahora están viviendo hacinadas en el reducidísimo habitáculo que la mamá conserva por cierto grado de generosidad del propietario.

“Estamos viviendo una situación difícil, no podemos pagar el alquiler y ni comida. Nosotros vamos de vez en cuando al cerro a conseguir garrobos, no me gusta ir porque tenemos que hasta pelear los pocos garrobos que hay. Nos toca pasar los días con un solo tiempo y hay días que pasamos comiendo mangos y naranjas. Tengo tres nietos y tenemos que darles agua de masa”, relata. “Lo que más me preocupa es no tener dinero para comprar las medicinas de mi mamá. Ella tiene 68 años. Ella tiene una malla en el estómago y hay que darle la medicina para que no vomite sangre”.

Hasta el año pasado, Madrid y todos los miembros de su familia formaban parte de los casi 5 millones de hondureños que vivían en condiciones de pobreza, gracias al dinero generado por la fotocopiadora colocada en la acera de SAR. Hoy, a causa de las restricciones impuestas por el Gobierno para contener el covid-19, ellos integran el grupo de casi 2 millones que no tienen ni un pedazo de tortilla.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que para finales de año en Honduras, el porcentaje de personas en la pobreza subirá de 54.8% a 59% (4.2% más) y la porción que vive en peores condiciones, en pobreza extrema, ascenderá de 18.7% a 22.2% (3.5% más). El país cerrará el año con un ejército de más de 7.5 millones de personas pobres.

El incremento de la pobreza, provocado por la parálisis de la economía, no solo tendrá como escenario a Honduras, sino a todos los países de Latinoamérica que sufrirán una disminución en el producto interno bruto (PIB).

La Cepal proyecta que el número de personas en situación de pobreza aumentará en 45,4 millones en 2020: de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones en 2020. El número de personas en situación de pobreza extrema incrementará en 28,5 millones: de 67,7 millones en 2019 a 96,2 millones de personas en 2020.

Mientras Madrid busca garrobos para sobrevivir, José Luis Miranda, vendedor de una pequeña empresa de jugos, trata de convencer a los clientes para ganar más comisiones y alimentar a su esposa y tres hijos.

“Antes yo tenía un salario base más comisiones. Al mes ganaba L15,000 y L16,000. Ahora, solo trabajo por comisión y apenas saco al mes unos L4,000. Yo estaba pobre y ahora siento que estoy cayendo en la lipidia”, dice.

De un grupo de cinco empleados, Miranda es el único que laboralmente sobrevivió a la hecatombe causada por la pandemia en productoras de jugos. Los cuatro compañeros desempleados “están en la lipidia y hasta andan chapeando solares para ganar para la comida”.

“Dan ganas de llorar cuando vemos esa gran corrupción... El Gobierno no ha hecho nada para salvar a las pequeñas empresas, no les dio un subsidio para salvar los empleos y evitar que caigamos en pobreza”, critica.

Indistintamente del paquete de medidas que un Gobierno ejecute, los países más vulnerables registrarán un aumento en el número de pobres por la pandemia.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iniciativa sobre Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford (OPHI), instituciones que generan el Índice Global de Pobreza Multidimensional (además de ingresos, mide acceso a agua potable, educación, alimentos, electricidad y otros indicadores), advierten que en 70 países, entre ellos Honduras, si el Gobierno no aborda el tema del progreso social en su agenda, el país corre el riesgo de retrasarse de 3 a 10 años en la lucha de reducción de la pobreza.

La Prensa