21/09/2026
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¿Se infectará usted?

Si usted visita Siena, en Italia, podrá admirar las altas columnas de mármol de la iglesia fantasma. Iba a ser el mayor templo de la cristiandad, pero algo interrumpió su construcción, y quedó como un mudo monumento a una de las catástrofes más terribles de la historia de la humanidad.

    Si usted visita Siena, en Italia, podrá admirar las altas columnas de mármol de la iglesia fantasma. Iba a ser el mayor templo de la cristiandad, pero algo interrumpió su construcción, y quedó como un mudo monumento a una de las catástrofes más terribles de la historia de la humanidad. Las cosas ocurrieron así. En 1347, el puerto de Caffa era administrado por los genoveses, las hordas tártaras atacaron la ciudad. Los mercaderes occidentales se defendían con éxito dentro de los muros. Además, una extraña peste hizo presa de los sitiadores, diezmándolos. Los labios se les resecaban, la lengua se les hinchaba, la fiebre los postraba primero y los mataba enseguida. Los genoveses se alegraron pensando que el inesperado aliado derrotaría a los tártaros, pero se equivocaron. Los sitiadores, en una nueva estrategia, empezaron a lanzar con catapulta sus muertos dentro de la ciudad. La fiebre se propagó en un momento. Y los genoveses, aterrorizados, huyeron por mar. Lo que no sabían es que en las bodegas de sus barcos llevaban un espantoso cargamento: la peste. Así que donde llegaban contaminaban el lugar: Sicilia, Mesina y hasta Génova, su lugar de origen. La peste cundió. Basta decir que Pisa perdió el 70 por ciento de su población.

    ¿Cómo se trasmitía la peste? Fueron las pulgas, viajando en las ratas que infestaban los barcos, las que introdujeron la maldición en las ciudades. Las altas murallas fueron construidas para detener a enemigos grandes y reconocibles, pero eran inútiles contra enemigos solapados y casi invisibles.

    Hoy en día, estamos a salvo de este tipo de enfermedades. Sin embargo, miles de personas son atacadas por otro enemigo: la apatía. Si usted observa bien, verá que la apatía es la peste negra de nuestro tiempo. Quienes la contraen dejan de ser productivos, se convierten en un lastre, su trabajo se realiza a medias, mal y tarde y su vida trascurre en forma lenta, tediosa y aburrida.

    De algo estoy seguro, usted y yo haríamos todo lo posible por no contraer la 'peste negra'. ¿Estaremos igualmente dispuestos a no dejarnos infectar por la apatía?

    LO NEGATIVO: Sufrir resignadamente la apatía, uno de los peores flagelos de la humanidad hoy.

    LO POSITIVO: Reconocer la apatía y destruirla con dosis de entusiasmo antes de que ella nos destruya a nosotros.