18/05/2024
12:15 AM

Vista al futuro

    A pocas horas para que este 2022 concluya, es normal que, con cierta nostalgia, hagamos memoria de lo que el año trajo a nuestras vidas, a nuestras familias y a nuestro país. Además de los planes personales que, seguramente, cada uno formuló en el ya lejano enero, la apertura de un nuevo capítulo en la historia democrática de Honduras contrajo un clima de esperanza y un deseo sincero en todos los sectores de buscar la unidad, olvidar los temas del pasado que han comportado tensiones y confrontación, con el convencimiento de que, como colectividad, nunca saldremos adelante si nos mantenemos anclados en el pasado, lamiéndonos las heridas y mirando con desconfianza a los que deben ser nuestros aliados en la dura faena de enfrentar los múltiples desafíos que como nación tenemos.

    Claro que el estudio del pasado es útil para evitar que se cometan los errores que han generado división en la familia hondureña, pero perseverar en las lamentaciones, usarlo como excusa para no avanzar o, peor aún, como arma arrojadiza contra antiguos adversarios, con deseo de venganza, solo sirve para mantenernos empantanados, para perpetuar las discordias y para profundizar divisiones que en nada abonan a la búsqueda del bien común y al desarrollo integral de todos. Los anhelos de una auténtica reconciliación nacional, que nos permita fundirnos en un abrazo fraterno por encima de las naturales y necesarias diferencias de concepciones del mundo y de perspectivas, lejos están de concretarse. Basta con dirigir la mirada hacia la Cámara de Diputados para concluir que, si ese microcosmos es representativo de todo el país, tomando en cuenta que la ciudadanía depositó su voto por ellos en noviembre de 2021 para que velara por sus intereses, el futuro luce poco halagador y más bien es motivo de desconcierto y profunda preocupación en la gran mayoría de la ciudadanía. Si ahí no se logra llegar a consensos y priva la intolerancia y el irrespeto mutuo, la esperanza tiene pocas oportunidades de formar parte del imaginario ciudadano.

    Afortunadamente, los procesos de rectificación para redirigir una situación dada son siempre posibles si existe voluntad y verdadero amor por Honduras. Y eso es lo que la aplastante mayoría deseamos. Solo así se detendrá la fuga de cerebros y la emigración forzosa; además, habrá respeto a la ley, paz social y el desarrollo con el que todos soñamos. De nuestros dirigentes, y de cada uno de nosotros, depende. Pero ellos deben dar el ejemplo; de eso se trata cuando alguien se erige en líder de un conglomerado humano. Quiera Dios que esa rectificación se dé.