La celebración de las fiestas patrias es importante, y no solo para los niños y los jóvenes de las instituciones educativas, que este año las han celebrado de manera peculiar. También es importante para los mayores, porque sirven para hacer un llamado a su conciencia ciudadana y para recordarles la responsabilidad que tienen con el futuro del país.
Desde que comienza septiembre y hasta que finaliza es común ver ondear la bandera de las cinco estrellas en edificios públicos y privados, en casas particulares y hasta en automóviles. Es una manera de mostrar orgullo por la patria que nos ha visto nacer y crecer, y de hacer votos por un futuro promisorio.
Sin embargo, suele suceder que una vez que pasa septiembre y son arriadas las banderas, el sentimiento patrio se deprime y poco queda del deseo de ver a Honduras recorriendo la ruta del desarrollo para beneficio de sus hijos.
Por eso es necesario que, una vez que ha pasado el 15 de septiembre, hagamos un esfuerzo por mantener vivos los propósitos que las fiestas patrias hacen surgir en nuestros corazones, de modo que esos afectos transiten hacia nuestras voluntades y podamos así poner los medios para que todo lo que soñamos o aspiramos para esta tierra se haga realidad.
Sucede, en este mes de septiembre, que los medios de comunicación nos muestran las múltiples bellezas naturales con que contamos; nos recuerdan las biografías de nuestros próceres; nos hacen ver las delicias de nuestra gastronomía, y nos despiertan ese sano orgullo de ser hondureños. Pero tenemos que lograr que esa conciencia patria permanezca los doce meses del año, que el entusiasmo no se vaya con los paracaidistas o los helicópteros que hacen flamear nuestra bandera mientras surcan los cielos de nuestras ciudades. Eso es bueno, pero no basta.
Este país necesita decisiones y acciones que se prolonguen en el tiempo, que no se circunscriban al calendario cívico, que superen los límites de un mes como este. Porque aquí hay mucho que hacer; hacen falta muchas manos comprometidas para construir el futuro para resolver tantos problemas, para satisfacer tantas necesidades. El progreso de Honduras no lo va a lograr un solo partido político, o un solo gremio empresarial o profesional. Hace falta el esfuerzo de todos y de todas, y eso exige consenso, diálogo y capacidad de mirar en la misma dirección. O nos quedaremos esperando el próximo 15 de septiembre para emocionarnos y, una vez haya pasado, volver a la inmovilidad, a la postración de siempre.