Reducir el consumo

Ya no más uso de vehículos propiedad del Estado para propósitos particulares; los funcionarios deben utilizar sus propios medios de locomoción para dirigirse a trabajar y retornar a sus hogares

La actual severa crisis en el abastecimiento de petróleo y sus derivados, a raíz de la guerra que enfrenta a Irán con sus vecinos, Israel y Estados Unidos, que ha escalado con el cierre del vital Estrecho de Ormuz, por el que transita a diario una quinta parte del oro negro destinado a otros países, está impactando en las economías tanto de naciones prósperas como pobres, con diversos grados de intensidad, pero en todos elevando la tasa inflacionaria al incrementarse los precios de alimentos, transporte, distribución de productos diversos de las zonas productoras a las consumidoras.

La coyuntura es muy propicia para que Honduras impulse, en alianzas entre los sectores público y privado, fuentes alternas de energía, particularmente la solar y eólica, a efecto de depender cada vez menos de la contaminante, en base al diésel.

De esa manera se ahorraría la fuga de divisas por concepto de compra de petróleo y sus derivados, aprovechando nuestra ubicación geográfica en el corazón de la zona tórrida, con elevadas temperaturas prácticamente todo el año, especial pero no únicamente en la zona sur. Ha llegado el momento propicio para transformar y diversificar nuestras fuentes de abastecimiento energético, a la vez que implementando políticas de austeridad que evite el derroche de combustibles tanto por parte del Gobierno como de particulares.

Inevitablemente, habrá una reducción en la movilización interna de vehículos, cuyos propietarios aprovechan el feriado de la Semana Mayor para desplazarse de una región a otra, sea con fines recreativos y para visitar a parientes, lo que impactará en el turismo interno, que moviliza a miles de familias.

El transporte colectivo seguramente experimenta alzas en el pasaje, en tanto continúe la actual crisis energética, cuyo desenlace continúa siendo incierto. Empero, debemos concluir que como sociedad carecemos de suficientes y adecuados medios materiales para continuar existiendo como si viviéramos en épocas de normalidad y prosperidad económica. Por el contrario, existimos bajo el influjo de fuerzas y tendencias que escapan a nuestro control.

Consecuentemente, debemos actuar en consecuencia, priorizando las esencialidades en nuestras vidas cotidianas. Ya no más uso de vehículos propiedad del Estado para propósitos particulares; los funcionarios deben utilizar sus propios medios de locomoción para dirigirse a trabajar y retornar a sus hogares; la importación de vehículos chatarra consumidores de mayor cuota de combustible y contaminantes del medio ambiente debe ser prohibida; la regulación del transporte en horas pico debe ser calendarizada; la prohibición de encender aire acondicionado en las oficinas públicas.

El Estado debe dar el ejemplo para que el sector privado proceda de igual manera. La divulgación de campañas educativas respecto al ahorro deben implementarse desde ahora, concientizando a todos por igual. El mundo atraviesa crecientes desafíos de diverso tipo: ambientales, políticos, sociales, que tienden a su profundización antes que a la normalidad. Ignorar tales hechos resulta suicida tanto para individuos como para colectividades.

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