Se inicia este nuevo año, el 2026, con perspectivas positivas que no deben ser desperdiciadas. Tras haberse logrado superar la incertidumbre electoral, las tensiones acumuladas a medida que no se divulgaba oficialmente el resultado final, ha llegado el momento propicio para el reencuentro nacional, absolutamente necesario si es que deseamos superar las deplorables condiciones materiales y espirituales que se han ido acumulando ante la indiferencia y apatía colectiva que las ha ido agravando rápidamente.
Así, a partir de ahora, sin dilaciones ni excusas, resulta obligatorio el dejar atrás nuestras respectivas convicciones políticas ideológicas, mismas que no deben ser barrera que se interponga entre nosotros y nosotras, que nos han ido distanciando en bandos no solo opuestos, también irreconciliables.
La mutua desconfianza debe ceder para dar paso al recíproco entendimiento y comprensión para alcanzar, finalmente, el anhelado reencuentro con nosotros mismos y con nuestro prójimo. No existen diferencias que no puedan ser superadas, siempre y cuando exista buena voluntad, sinceridad, transparencia, detallando qué temáticas nos separan y en cuáles coincidimos, sin que nadie se sienta superior ni inferior ni propietario en exclusiva de la verdad, con tenacidad y paciencia para conjuntamente, descubrir coincidencias.
Es esta una oportunidad que no podemos darnos el lujo de desecharla, ya que puede ser la última, irrepetible. Las opiniones y puntos de vista contrarios a los propios, si nos esforzamos por interactuar y comunicarnos con fluidez, con las cartas sobre la mesa, cierto que no será fácil ni expedito, pero sí debemos darle la oportunidad que merece.
Solamente dialogando es posible remontar desavenencias aparentemente imposibles de solventar. La paz y estabilidad sociopolítica de nuestro país deben estar presentes en las mentes y corazones de los y las participantes. La actual y venideras generaciones reclamarán el debido rendimiento de cuentas para aprobar o desaprobar lo intentado, congratulándonos o repudiándonos, sea por haber tenido éxito o por haber fracasado.
De nosotros y nosotras dependerá el haber logrado superar el reto y desafío planteado o haber fracasado ignominiosamente, sea por acción u omisión. La Patria merece lo mejor de nuestros talentos y voluntades. No la podemos defraudar nunca, si es que nos consideramos sus hijos e hijas, no sus enemigos y detractores. ¡Feliz y bendecido Año Nuevo para todos y todas!