Más masacres, más terror

La ola de violencia registrada en Rigores, Colón, y Corinto, Cortés, ha provocado conmoción nacional y reabre el debate sobre la inseguridad, el crimen organizado y la conflictividad territorial en Honduras

El pueblo hondureño está profundamente impactado y conmovido al conocerse los hechos ocurridos ayer en Rigores, Trujillo, y Corinto, Omoa, en los que han fallecido cuando menos 28 personas en auténticos baños de sangre que ponen al desnudo el grado extremo de violencia, inseguridad, impunidad que cotidianamente cobra la vida de adultos, adolescentes, niños, en escaladas que no tienen fin.

Lo hasta ahora recabado indica que conflictos territoriales han sido el detonante de esta más reciente tragedia colectiva, exponiendo que en la posesión de la tierra estriba una causal importante para la conflictividad social, sea entre latifundistas y campesinos sin acceso a ese recurso natural o entre grupos de labriegos mutuamente enfrentados.

En todo caso, la posesión de armas de fuego incita a recurrir a la violencia como solución de disputas, descartando la negociación y el diálogo.

Mientras el Congreso Nacional emite legislación de carácter penal que incrementa la severidad de las penas a la delincuencia, calificando de terroristas a diversas bandas criminales, han ocurrido estas matanzas, en claro desafío a la autoridad.

Tienden a adquirir armamento de mayor poder de fuego que el que posee la Policía, crecientemente importado de Estados Unidos vía México.

El general Tito Livio Moreno, exjefe del Estado Mayor Conjunto, ha propuesto el reforzar de manera integral y coordinada a las Fuerzas Armadas con la Policía y el Ministerio Público, incrementando recursos tecnológicos, operativos, logísticos entre las tres instituciones estatales, en tanto recomienda a la población denunciar cualquier intento conspirativo y no destruir la evidencia, absolutamente necesaria como prueba de convicción ante los juzgados.

De otra manera, todos los esfuerzos de las autoridades competentes quedan en nada y los delincuentes quedan exonerados, listos para emprender nuevas acciones violentas.

Los servicios de control e inteligencia institucional deben ser igualmente reforzados, contando con la asistencia de países amigos para tal propósito.

Los políticos no deben intentar capitalizar lo ocurrido para llevar agua a sus molinos partidarios. Sí deben aportar ideas constructivas que contribuyan al diseño de estrategias efectivas en el corto y mediano plazo.

Los medios de comunicación debemos abstenernos del sensacionalismo y amarillismo al reportar estos sucesos, abordarlos con plena objetividad.

Honduras está de duelo colectivo y la noticia ya recorre el mundo, exponiendo a nuestro país como no propicio para la inversión directa extranjera. No es la primera vez que las representaciones diplomáticas acreditadas en nuestra patria recomiendan a sus conciudadanos adoptar medidas preventivas de seguridad o, incluso, abstenerse de visitarnos.

Esta es una coyuntura de duelo pero también de reflexión: qué hacer para garantizar un mínimo de paz, tranquilidad y seguridad colectivas?

Nunca, bajo ninguna circunstancia, debemos capitular y concluir que hemos perdido la batalla contra el crimen organizado. Los honestos, los que acatamos la ley y respetamos las autoridades, somos la gran mayoría poblacional.

No nos dejemos vencer por el miedo y la impotencia, caso contrario hemos llegado ya a un Estado fallido, incapaz de autoprotegerse.

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